martes, 16 de marzo de 2010

No hay equidistán


En Valencia se pulieron unas fotos del Museo de la Ilustración y la Modernidad en lo que se convirtió en un grave escándalo de censura. Esta semana, el Ministerio de Medio Ambiente pidió cortar dos minutos de un documental en el que se relaciona el deterioro de la costa con la corrupción político-inmobiliaria. Al final, el Ministerio achantó, no quiso un grave escándalo de censura.

Mucho bobo hay con poltrona, no se puede negar. Que Medio Ambiente diga que no comparte que se relacione el expolio del litoral con el expolio de las arcas públicas significa, o que no se enteran, o peor aún, que no se quieren enterar. Pero me resisto a equiparar ambos casos de "censura", no me vale el todos son iguales. No es un caso de Valencia al revés.

Primero porque el Ministerio se echó para atrás, rectificó, y si no lo hizo por convicción al menos lo hizo por vergüenza, o por temor de que se le echara encima la opinión pública. ¿No se entiende todavía? Si en Valencia no ha pasado nada por retirar las fotos del museo es por eso, porque no les da vergüenza --es más Fabra hubiera querido despedir al director del museo, el único honrado de esta historia, otros deformadores de las palabras han dicho que la censura es "libertad de opinión"--; pero sobre todo porque no tienen ningún miedo a que la opinión pública valenciana les diga nada, si puede sobrarse 50 o 10.000 pueblos es porque les sale gratis.

Equidistán no existe, no tanto porque los partidos no sean iguales (todos tienen lo suyo), sino porque sus votantes no lo son. Los hay que castigan en las urnas y los hay que tragan con lo que sea. Llega un momento en que si hay mucho político corrupto es porque la gente se los merece, porque se han corrompido ellos mismos como sociedad.

1 comentario:

J. C. Gea dijo...

Por desgracia, no acabo de compartir tu optimismo, no sé si ideológico, sociológico o antropológico, y mira que lo siento. Hay tragaderas selectivas en cuanto a la calidad de lo que se traga, pero la magnitud bruta, que es al final lo que cuenta y define la tragadera en sí, viene a ser la misma.

En lo que sí te doy la razón es en lo del director dimisionario del centro. Ya me molaba haber sido alumno de un tipo tan sabio como Román de la Calle en Valencia, y ahora además me siento orgulloso por su dignidad: fruta rara en este tiempo podre.