viernes, 5 de marzo de 2010

No, Willy


He seguido la polémica de Willy Toledo por sus declaraciones sobre la muerte, tras una huelga de hambre, de Orlando Zapata. Su salida de pata de banco, las desproporcionadas reacciones de los reaccionarios, y sus matices y aclaraciones. Pero no me convence.

Sinceramente me importa un pimiento si a Zapata lo metieron al talego por delitos comunes y luego allí en prisión abrazó la causa disidente, ¿le resta eso valor a sus convicciones? ¿si un pringao en la España de los 50 fuera detenido por robo y asalto, y en el trullo se hiciera antifranquista, lo sería menos que los que ya fueran detenido por serlo?

Luego está el asunto de todas las cosas que hay que denunciar antes de los problemas de Cuba. ¿El narcogobierno colombiano? Vale. ¿La tiranía marroquí? Vale. ¿Los salvajes crímenes de Israel? Vale. ¿Y qué?, una injusticia hay que señalarla --si se hace de forma honesta-- sin más, sin mirar si entona con las que haya alrededor.

Que condenara los crímenes de Sadam Hussein. Eso me exigía Aznar cuando me levanté contra la guerra de Irak, como si no pudiera hacer las dos cosas al mismo tiempo. ¿Ya no te acuerdas?

3 comentarios:

Gracchus Babeuf dijo...

Hace tiempo, cuando mantenía mi blog en marcha, publiqué un post sobre la empatía. Habían asesinado a dos guardias, y un individuo escribió varios comentarios sobre el derecho de autodeterminación. Y a mí, el derecho de autodeterminación me parecerá muy bien, pero yo estaba hablando de dos seres humanos muertos.

Small Blue Thing dijo...

Lordo lo clava en su segundo párrafo: la condición política de Zapata, su hoja de registro criminal, eran y son IRRELEVANTES. Como lo fueron en el caso de Aminatu Haidar o De Juana Chaos, o más atrás en el tiempo, durante la huelga de hambre de los GRAPO de los 80. Si un preso se pone en huelga de hambre, ha de ser respetada hasta que su vida esté en peligro, y a partir de ese momento salvarla incluso en contra de la voluntad de este. Lo demás es tortura.

Y me tripito a lo que vengo diciendo una semana: Bobby Sands, que, teniendo o no razón, había hecho valer sus razones matando gente, se puso en huelga de hambre precisamente por poder vestir conforme a sus derechos en prisión, igual que Zapata. E igual que Zapata fue torturado, dejado desnudo, ensuciado y se puso en huelga de hambre. Él y varios de sus compañeros murieron por ello. En su historia, nadie cuestiona la moralidad de las acciones de Sands. Se cuestionan en otro capítulo. Sands fue torturado y dejado morir de hambre.

Y todos los demás matices son una colección de polladas.

Evitadinamita dijo...

Willy la ha cagado. La caverna ha hecho el ridísculo otra vez cuando la tenían a huevo.
Y usted remata el post con la analogía demoníaca del peor Ánsar. Sembraaao!
=D