lunes, 12 de abril de 2010

Los de la mano flácida


Con bajas “temporales” de militancia solicitadas a regañadientes Mariano Rajoy se ha podido plantar ante las imputaciones del caso Gürtel como si nada tuviera que ver con él, ni con el partido. Por arte de magia, todo queda en el pasado (bien cierto es que lo que pasó ayer, incluso hace unas horas, hasta un segundo atrás, ya es el pasado), algo que no debe estorbarnos en nuestro devenir cotidiano. Bien saben los prestidigitadores que la mano es más rápida que el ojo, aunque, para ser justos, hay que resaltar que los hay con la pupila extremadamente lenta.
Es decir, si el PP no se ha mostrado más contundente con los presuntos corruptos que le han acompañado hasta hace un segundo es porque no lo necesitan, no temen que su electorado vaya a castigarles por nada que tenga que ver con este asunto; nada en los 50.000 folios de ese sumario puede aguar las perspectivas de lo que vayan a depararles las urnas. Y esto es el verdadero problema de todo este caso. Es preocupante que un cargo público se venda a cambio de favores, bienes de lujo, o metálico dinero contante y sonante; también es peligroso que fiscales, notarios, o magistrados hagan la vista gorda ante estos desmanes por los mismos motivos o por chantaje; pero nada de esto es tan malo como que los votantes se muestren indiferentes ante el desvalijamiento del erario público. Y este es un vicio conservador, porque son las personas a las que les gusta definirse “de orden” las que soslayan (cuando no aplauden) que los suyos lleven el caos mangante a la contabilidad municipal; son los partidarios de la “mano dura” a los que se les ponen flácidos los cinco dedos de cada una para castigar al ladrón si no es de los otros. Todo eso es lo que termina destruyendo el sentido cívico de la ciudadanía y, al final, la democracia; porque si los corruptos salen impunes es porque era la sociedad la que ya estaba corrompida.


No para cualquiera (12-04-10)

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