lunes, 10 de mayo de 2010

Cuento de estupefacientes


Imagine que un cartel del narcotráfico acumula suficientes ingresos como para pagarse un poderoso ejército privado. Tan poderoso que hasta logra fletar un portaaviones y luego lo dirige a unos kilómetros de la costa española desde donde se dedica durante varios días a enviar cazas y bombarderos para destruir estratégicas instalaciones industriales. Durante sus ataques el cartel no oculta que tiene algunas reivindicaciones para cesar su ofensiva; exige cambios legislativos para que la policía no pueda intervenir en sus operaciones y además que las administraciones desmantelen los programas de desintoxicación de los adictos porque les restan clientela. Al susto de los bombardeos le sucede el asombro de ver que entre las principales figuras de la lucha antidroga se suceden los llamamientos a cumplir con urgencia las peticiones de los narcotraficantes y además le explican que el ejército español no debería entrometerse porque eso de los portaaviones, los cazas y los bombardeos hay que dejárselo a los narcotraficantes que son los que de verdad saben de eso. ¿Cómo se quedaría? Estupefacto, es lógico, este es un cuento de estupefacientes.
Pues despierte porque es una parábola muy aproximada de lo que ha sucedido en las últimas semanas con la economía española, que, como tantas otras en Europa, es víctima de una campaña interesada de un grupo privado que se ha hecho lo suficientemente poderoso para poder plantar cara a los Estados gracias precisamente a la desidia de los gobiernos de los últimos 20 años y a los chamanes de la mano invisible del mercado. Se hace cada vez más preciso que las riendas del dinero queden en manos de poderes elegidos democráticamente porque los que las tiene ahora no lo son ni mucho menos. Y siguiendo con la metáfora del cuento, estaría bien llamar traidores y quintacolumnistas a quienes creen que pueden sacar algún beneficio de estos ataques.



No para cualquiera (10-05-10)

5 comentarios:

J. C. Gea dijo...

Brillante. No puedo estar más de acuerdo con la metáfora, con el diagnóstico y con la solución. Pero el problema es aún más profundo y tiene que ver con esta última: cómo elegir poderes que sean de verdad democráticos y para garantizar que, una vez institucionalizados, no se ponen a sueldo al cártel o incluso lo financian, como Isabel II a Raleigh y a Drake.

Lordo dijo...

Eso es, pero la democracia se hace todos los días y todas partes (en el curro y el portal) y no solo en las urnas cada 4 años.

Fet dijo...

Demasiado tarde.

Small Blue Thing dijo...

Ya me se ha adelantao la Sucinta pal prime.

José Ignacio dijo...

Y los telediarios nos repiten cada día que es bueno que al cartel del narcotráfico le vaya bien. Que lo que es bueno para ellos es bueno para todos.