sábado, 29 de mayo de 2010

De perdidos al río




Va por la sexta temporada, y contábamos con que fuera de ocho, pero ya son muchos lo que piden que se acabe ya la serie. ¿Va a ser el final de Zapatero como de la serie Perdidos que ha dejado a la mitad de su audiencia descompuesta? Paralelismos hay unos cuantos. Como en el caso de Lost, la primera temporada de ZP, fue audaz y con innovaciones nunca vistas, la cosa prometía: salida inmediata de las tropas de Irak --a pesar de poner los pelos de punta a los criminales de guerra que habían emprendido o apoyado aquella invasión--; una ampliación de los derechos civiles sin precedentes gracias a la que la población homosexual ganó, no sólo la igualdad para firmar un contrato de convivencia matrimonial como el resto de los mortales, sino además el justo derecho a adoptar niños. Ahí se comenzaron a forjar las bases de la Ley de Dependencia con la que España se aproximó un poco más al mundo civilizado; y para darle intriga a la trama, hubo a hasta la posibilidad de que ETA dejara definitivamente las armas, lo que provocó escenas delirantes entre quienes han hecho de un medio, la lucha antiterrorista, un fin, su modo de vida. Lamentablemente el alto al fuego etarra terminó como todos los anteriores, porque además de asesinos sin escrúpulos, son muy malos guionistas e intérpretes y están encasillados en el papel de hijoputas por propia voluntad.

Pese a todo, ZP se ganó unas nuevas temporadas, y lo previó dulce hasta llegar a imaginar un cómodo spin off al final de la legislatura, o de la siguiente como mucho. Pero la crisis comenzó a barrerlo todo y obligó a cambiar todos los guiones. La verdad es que no sólo en España, en Grecia se ha vivido una tragedia como las de Sófocles, en Portugal, casi lo mismo, la potente Alemania se ata los machos; y hasta el Reino Unido, que ni siquiera está en el euro y acoge en su city casi todos los Hedge Funds especuladores, se preparan para no cubrir 700.000 empleos públicos incluyendo el sector sanitario. No, lo distinto de España es que todo apuntaba a otro final. A lo largo de los últimos dos años ZP ha sostenido el mensaje de que "de la crisis saldremos todos juntos" y que no se pagaría con recortes sociales; pero los circunstancias o seguramente los piratas le han obligado a bajar la cerviz. Estamos a mitad de la legislatura y, como a la mitad de la serie de Pérdidos, el Gobierno hace cábalas para ver cómo atara todos los cabos antes del final. De momento, el decreto de recorte del déficit ha destruido sus perpespectivas electorales, la previsible reforma laboral impuesta por el Ejecutivo por falta de acuerdo entre sindicatos y patronal les hundirá aún más en el pozo. Porque, si bien el apoyo al PP ni crece ni mengua --porque es como la energía que ni se crea ni se destruye, y es constante en el Universo con 10 millones de votos impasibles al ademán-- el PSOE pierde todo el apoyo de la izquierda sociológica que se pregunta en váno donde están las respuestas de su modelo ideológico ante la crisis. Como a la mitad de Perdidos, los hay que esperan que, al final, todo se resuelva. Pero como en Perdidos, incluso los más convencidos seguidores, se desesperan por ver que los capítulos avanzan y no aparecen las respuestas. ¿Habrá un serio programa contra el fraude fiscal, se promoverán acciones internacionales para regular realmente los mercados, valdrá para algo el impuesto para los ricos si realmente llega a aprobarse? Sería mucho mejor, como en el caso de Perdidos, apostar por un final audaz antes que por algo convencional. Porque si está claro el final, no hay refrán mejor que el dicta que de perdidos al río, y hace mucha falta en España que se toque a los que han sido hasta ahora intocables por los siglos de los siglos. Entre otras medidas (se me ocurren tantas en educación, energías renovables, derechos civiles...); ZP debería saber mejor que nadie que le ha ido bien cuando ha sido valiente y mal cuando ha sido cobarde. Pero, como sabrán los que han seguido Lost hasta el final, la mayoría de las críticas se ceban en que haya terminado en una iglesia. No sé si me explico.

2 comentarios:

Fet dijo...

Brillante. Y no escribo nada más porque no hay nada que añadir.

El que dice ¡Ni! dijo...

Muy buenos los paralelismos, sí señor.