viernes, 14 de mayo de 2010

¿Por qué no están con nosotros?


Todo lo que ha rodeado al proceso al juez Baltasar Garzón ha sido asqueroso. Lo fueron los denunciantes --Falange y Manos Limpias--, lo fue el juez instructor Varela cuando se dedicó a corregirles a los ultraderechistas sus escritos de acusación; ha sido asquerosa la premura con la que se abrió el juicio oral cuando Garzón buscó una salida a La Haya y, hoy, para rematar la inmundicia se acordó por unanimidad la suspensión del juez con la asquerosa sospecha de que esa unanimidad era un pacto para acordar que se le permitiera irse al tribunal internacional. No ha sido así, la decisión se ha aplazado. Y al hedor de la venganza personal contra el juez se suma ahora el de la vendetta política por tocar casos de corrupción de los amos de la finca y, lo peor de todo, la patada en el culo a las víctimas de la represión franquista. No es ningún secreto que, para muchos jueces conservadores, la memoria histórica es tabú; algo que no debe desatarse.

El pasado martes, en la presentación en LibrOviedo de El violinista de Mauthausen, de Andrés Pérez Domínguez, recordaba una anécdota del III Reich que, lo dije, me parecía oportuna para el caso de la memoria histórica en España. Era el de un sacerdote católico encarcelado por sus discursos públicos de denuncia ante las barbaridades que comenzaba a cometer el gobierno nazi en sus inicios. Su obispo acudió a visitarle y, al entrar en la celda, le preguntó, "pero hombre, ¿qué hace usted aquí?". Y el sacerdote le respondió: "la pregunta, obispo, es ¿por qué no está usted aquí conmigo?".

Quiero decir que si el tema de la memoria histórica se ha politizado es porque sigue habiendo políticos que ven a los enterrados en las cunetas como rojos traidores de la anti-España; que si divide a la sociedad es porque hay una parte de ella que no quiere unirse sino someter al resto, que la pregunta no es por qué nos interesan las cuestiones de la memoria histórica, sino que la pregunta es ¿por qué no están con nosotros?

Y la respuesta es terrible. Puestos así, digamos que ya es hora de acabar el trabajo que quedó a medias. Que una nueva generación puede y debe revisar la Transición porque se hace necesario (y yo no soy de los que abominan de la Transición, se hizo lo que se pudo en su momento; pero si ahora podemos hacer más ¿quién se niega y por qué?).

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