lunes, 28 de junio de 2010

Aconfesionales como dios manda


Apenas hay mujeres en España que vistan burka, pero ya tenemos una ley que prohíba esta anécdota. Tenemos un Senado previsor, que no quiere que se desmadren las cosas; puede que haya mujeres que --voluntariamente o de forma impuesta-- crean que esa es la forma en la que sus creencias le dictan que debe vestirse en público, pero así aprenderán que la religión no está por encima de las leyes civiles ¿no? Bueno, no, alto ahí. Una cosa son las bárbaras --por extranjeras-- costumbres de inmigrantes musulmanes y otra las arraigadas tradiciones de índole cristiana --en particular católica, que es la única verdadera-- que acompañan numerosos actos cotidianos de nuestra vida diaria, desde el crucifijo en las escuelas hasta que los militares rindan honores al Corpus de Toledo. Para estas cosas, la religión sí que debe estar por encima de las leyes civiles.
Con esa definición ridícula que tenemos de Estado aconfesional, en vez de laico, vamos creando un cuerpo de leyes que, paradójicamente, sólo considera religiones a todas las que no sean el catolicismo apostólico y romano, que ya no es un fe ni una creencia, sino una forma de ser, un estilo consuetudinario, una costumbre como conducir por la derecha; por decirlo de forma moderna y cursi al estilo papaboy, un “feeling“. Porque si legislamos para que musulmanes, judíos, budistas, o cienciólogos sepan que sus creencias son muy respetables mientras las practiquen en su casa; pero a la vez nos aferramos a los funerales de Estado católicos, los obispos castrenses, las tomas de posesión de los ministros ante la cruz y la Biblia, y el Día de Asturias en Covadonga; no estamos defendiendo la preeminencia de una religión frente a las otras. Seguimos siendo aconfesionales, lo que pasa es que los guiris no lo pillan porque son de fuera. Somos aconfesionales pero dentro de nuestra tradición, y dentro de un orden. Aconfesionales como Dios manda.


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