miércoles, 2 de junio de 2010

De bárbaro al griego


Bárbaro era, en un principio, el que no hablaba griego. Vino después el matiz de salvaje, de ajeno a la civilización, capaz de cualquier tropelía. Las palabras evolucionan con los idiomas y aún con los usos que le damos a los que ahora usamos, sabemos que hay que distinguir entre lo que se dice a cara descubierta y lo que se escucha en un renuncio, como lo que le pasó ayer a Esperanza Aguirre cuando reconoció que había dicho "barbaridades" sobre la reforma laboral.
¿Qué tipo de barbaridades urde la presidenta de Madrid? Algo propio de bárbaros, ¿pero de qué tipo? Podrían ser Hunos, pues como ellos, por el servicio público --ya sea Educación o Sanidad-- por donde pasa la lideresa no vuelve a crecer la hierba; Vándalos, tal vez, por su pasión destructiva del patrimonio común; o quizá sea esa querencia por el gótico tenebroso que rodea la forma en la que llegó a la Presidencia de la comunidad.
Seguramente no, todo es más sencillo y se explica por la etimología primera de la palabra bárbaro. Aguirre cumple estrictamente el papel que el PP se ha planteado como oposición para hacer frente a la crisis, pero hay que traducirlo al griego, a lo que griego significa en jerga castellana; es decir, a dar por el culo en todo momento.

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