martes, 29 de junio de 2010

La polla es nuestro burka

¿El primer desnudo masculino en la portada de Interviú? No hay huevos; y no los hubo, de hecho.


La historia de esta portada tiene varias lecturas. Se trata de un desnudo "solidario", Jesús Vázquez dona íntegramente el importe del despelote a construir una escuela en Somalia; es, además, un guiño a la semana en la que se ha celebrado el Orgullo Gay; pero no deja de ser un anuncio tramposo, no ha habido desnudo, no se han visto los genitales, ¿qué pasa?

Ayer en CNN+, vi al director de Interviú y a Jesús Vázquez comentar la publicación. Los tiempos han cambiado, argumentaba Alberto Pozas, y aseguraba que últimamente costaba más que la gente llevara la revista bajo el brazo abiertamente, que toda la revista estaba haciendo un giro para --supongo-- llevar a portada desnudos más artísticos y menos lujuria declarada.

No me lo trago. Hay antecedentes de que el desnudo masculino sigue siendo un tabú. La polla es nuestro burka. ¿Por qué? De primeras se trata de un cuestión de pura hipocresía. Cada vez son menos los que se escandalizan por ver un desnudo femenino --y entre los críticos confluyen los pacatos de toda la vida y el feminismo que considera obsceno el sexo en sí-- pero el masculino levanta demasiados reparos. La revista no ha tenido huevos de mostrar los idem de Vázquez por temor a crear repulsa en su tradicional público de varones heterosexuales (y eso es falta de valentía, del desnudo de Jesús Vázquez se puede gozar sin apelación sensual, posee un cuerpo que puede parecernos hermoso sea cual sea nuestra orientación sexual); no se han atrevido a intentar cazar al potencial público femenino heterosexual que hubiera degustado, aún con la vista, ese pene. ¿Qué pasa? Es también un problema de hipocresía de ese público. Las mujeres pacatas de toda la vida morirían antes de reconocer que les gusta ver una polla; a algunas de las modernas se les condenaría si rompen el dogma de Shere Hite de que no hay más placer que el da el clítoris y que la penetración sólo es un mal necesario. La polla es problemática, sólo los homosexuales --y una minúscula élite de libertinos heteros--se atreven a reivindicarla.

Porque, ¿cómo mostramos una polla? El desnudo femenino no pierde ni gana con las inclemencias del tiempo, ni con los estados de ánimo. El masculino sí. ¿Sería mejor mostrar el pene fláccido o en erección? La primera fue la vistosa opción de la cultura grecorromana hasta que llegaron las hojas de parra de la cristiandad. Nuestras hojas de parra hoy son el temor al qué dirán; incluso en los falsos desnudos robados frontales de esta misma revista se conoce que se han usado trucos de bailarín de strip-tease, una goma discreta que recoja el pene y el escroto para que no deje fluir la sangre. Un pudor hipócrita nos empuja a avergonzarnos de un pene normal fláccido para preferir la engañosa morcillona. No hay valor para mostrar una erección fuera de la pornografía, y eso es absurdo, y falaz, también la erección puede ser artísticamente bella.

4 comentarios:

Wonder Woman dijo...

Muy buen post.

Queremos pollas, pollas!
Las pollas son preciosas. Desde un punto de vista puramente estético, considero que una buena polla empalmada es una maravilla, mucho más bella que un clítoris femenino. Otra cosa son los testículos, que también son algo bastante lamentable... pero una buena polla, qué maravilla.

Esta mañana leí la noticia en una columna del Mundo donde se hablaba de que Interviú se va a convertir en un repertorio continuo de "mástiles", y se me hacía la boca agua, pero veo que aún estamos muy atrasados.
Lo dicho: queremos pollas en el interviú, pollas de tios buenos, pollas de famosos, y pollas bien empalmadas, gordas, con el capullo rojo.
Lo compraré, pero solo con la esperanza de que sea el comienzo de algo mucho más grande.

Harrys dijo...

Respecto al tema de cómo mostrar el pene alguna puntualización.

En el arte clásico el pene se representaba flácido y exageradamente pequeño porque lo contrario -un pene morcillón o empalmado- se consideraba cómico, luego había también un cierto tabú al respecto del sexo femenino. En el arte pornográfico siempre se mostraban los penes erectos, claro.

En el arte erótico actual creo que no hay duda, a tod@s nos gusta un buen pene erecto, pero como bien decís, no hay cojones :(

Enhorabuena por el blog.

Riesgo dijo...

Buena reflexión, buena metáfora y gran argumentación; a ver si me paso más pora quí.
Un saludo!

Víctor Pérez dijo...

Brillante