lunes, 26 de julio de 2010

El nombre de la cosa


Lo gracioso del debate sobre el candidato conservador a la presidencia del Principado es que se reduce a un nombre sí o no, y nada más. Sus devotos y anónimos seguidores de los foros de internet; sus fieles vasallos en el seno del partido, sus públicos panegiristas en los medios interesados, todos aclaman una propuesta que se reduce a tres palabras a lo sumo, un nombre y dos apellidos; los más afinados esgrimen sólo los dos apellidos como si fueran muy incisivos con ellos; por último, los de creencias gnósticas, proclaman sólo el último apellido, como si fuera un sortilegio capaz de convocar por si solo el maná y otros prodigios. Una palabra, hoc signo vincitur. Pero eso ya lo podemos leer en la bandera.
Estaría bien saber si, a parte de los conjuros mágicos, los conservadores tienen algo más que ofrecer, alguna propuesta concreta, algún plan para el futuro de Asturias que no sea sólo Él y su legendaria hechicería. Porque, además, no parece muy eficaz. Es decir, si perdemos tanto tiempo discutiendo sobre un candidato tan perezoso que no ha querido postularse por si mismo, porque era necesario que llegara arrastrado por una marea; ¿cómo sería aún si se decidiera a dar el paso? ¿Habría que ir a buscarlo a casa y arrastrarlo con desgana a cada uno de los mítines de la campaña electoral? En el caso de que ganara las elecciones, ¿acudiría por su propio pie a los consejos de Gobierno, o habría que ir en una procesión de consejeros a rogar porque saliera por el umbral a ver si fuera posible que les firmara un decreto? El caso es que así llevamos casi un año y no hemos oído nada sobre qué hacer contra el desempleo, cómo desarrollar nuestras infraestructuras, qué sería más conveniente hacer en materia de educación, qué alternativas hay para cuidar nuestro medio ambiente. Nada que no sea ese mantra hecho carne. Yo no lo digo, porque es que se le va a gastar el nombre, por lo visto lo único que le queda.


No para cualquiera (26-07-10)

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