martes, 6 de julio de 2010

No todos


En respuesta al artículo de ayer, me dicen que no, que no todos pueden cambiar.


Actualizado: Ahí va mi respuesta.





No quisiera disculparme con Ángel García Prieto si mi artículo del pasado lunes pudo resultarle ofensivo. Precisamente esa era la intención del escrito, ser lo más faltoso y ofensivo posible. Se trata de poner ante un espejo los argumentos de quienes, escudándose en pretendidos argumentos científicos, califican de enfermos a los homosexuales. Y digo pretendidos porque ningún científico serio da hoy en día credibilidad a tales despropósitos, es más la British Medical Association acaba de descalificar rotundamente las terapias de conversión sexual para homosexuales señalando que son “más dañinas que beneficiosas para los pacientes y deberían ser prohibidas”. ¡Oh!, no pongo en duda que haya homosexuales que renieguen de su condición y que sientan como un losa sus normales apetencias; ocurre así precisamente por la presión de numerosos grupos reaccionarios que demonizan constantemente a quienes se salen de su pacata concepción de la vida. De hecho, es casi ya un cliché en EEUU que los senadores y congresistas que más atacan la ampliación de los derechos civiles de los homosexuales acaben pillados en brazos de un efebo; y hasta en España un concejal de Palma de Mallorca, que tenía a mucha gala oponerse a celebrar matrimonios civiles entre personas del mismo sexo, fue descubierto malversando fondos públicos en prostitución masculina. Lo que es una enfermedad, y grave, es la hipocresía.
No quisiera (ni podría) competir en conocimientos psiquiátricos con García Prieto; pero me consta que los homosexuales han existido a lo largo de toda la historia y en todas las culturas del mundo; es más, es una evidencia biológica que muchos animales presentan comportamientos homosexuales, se trata de una cosa de lo más natural y quienes se empeñan en no reconocerlo sí que no son conscientes de lo ofensivos que son: para los homosexuales que viven su vida en paz, para los que buscan la manera de hacerlo entre un sinfín de prejuicios en la escuela y el trabajo, y también para las familias de estos homosexuales que sólo piden que a sus hijos o hermanos se les trate como a cualquier ser humano. Sí es ofensivo que te acusen de enfermo, de destruir la familia, de degenerado, de vicioso… es ya insoportable que se siga dando cancha a estos prejuicios. Y el propósito de mi artículo era mostrar esa realidad.

PD: Me honro en conocer personalmente a García Prieto y sé de su integridad y su carácter afable. Lo que no quita que disentamos en muchos asuntos; y sin duda este es uno de ellos. Él nunca se calla ante una injusticia, a mí este caso me parece injusto y no me callo.

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