lunes, 5 de julio de 2010

Pueden curarse




¿Quién dice que no se puede viajar en el tiempo? La semana pasada pudimos disfrutar de un fenomenal flashback, inmersos de pronto en lo más remoto del pensamiento cavernario, teniendo que aguantar a estas alturas que todavía haya gente que asegure que la homosexualidad se puede curar y es cuestión de terapia que te gusten o no los hombres o las mujeres. Las peras con las peras y las manzanas con la manzanas suelen decir, aunque en realidad este tipo de argumentos no dejar de ser un batiburrillo barato de poca psicología, nula antropología y mucho prejuicio teocrático, lo que se suele llamar mezclar churras con merinas.
Por supuesto, a los divulgadores de tales falacias les ha caído una buena; y da mucha pereza y tengo poco espacio para tener que rebatirles de nuevo. Más bien quisiera apelar a la compasión de las buenas gentes con estos pobres espíritus. Piénsenlo bien, han sido educados en el oscurantismo de la superstición más ciega, el mundo contemporáneo --en el que cada cual puede expresarse libremente sin temor a la hoguera-- les aterroriza (de hecho les aterroriza no poder aterrorizar al resto); no están preparados para celebrar un debate racional porque no tienen razones que oponer, sólo mitos pobres y tradición. Lo cierto es que son personas que, cuando no pueden imponer a los demás por la fuerza de las armas sus criterios, se sienten desbordados por el devenir cotidiano, pobrecillos. Pero no hay que desesperar, no los den por perdidos todavía. No es nada que no tenga remedio, todo puede arreglarse con unas cuantas lecturas y algo de buen cine, una cierta predisposición a conocer a los otros, viajar de vez de en cuando, alejarse de las malas compañías episcopales. Con los más jóvenes, como es lógico, será más fácil, y con los más mayores nos costará mucho más (quizá alguno sea casi irrecuperable), pero seguro que la mayoría tienen remedio. No se preocupen, pueden curarse.


No para cualquiera (05-07-10)

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