lunes, 16 de agosto de 2010

Contra las primarias


Lo más probable es que de aquí a octubre, cuando se celebren las primarias en el Partido Socialista de Madrid, lo que era una grave crisis de candidatura se haya convertido en una virtud de cara a los comicios. Será así porque el desgaste que sufre la clase política española es tan grande, tanto que hasta las encuestas las CIS los muestran como un problema para los ciudadanos, que cualquier proceso de apertura, una sencilla votación para elegir al cabeza de lista (sin pensar en cosas tan tremendas como las listas abiertas), llega como una bocanada de aire fresco. De tan rancio que estaba ambiente, esto tan pequeño llama la atención.
Que los militantes voten para elegir a su candidato es tan natural y tan lógico que quienes lo critican acaban siendo quedando como artificiales e irracionales. Más si se hace desde un partido como el PP, donde Rajoy fue elegido a dedo, y más aún en el PP asturiano donde --por motivos evidentes-- una propuesta semejante causa pánico. Resulta especialmente patético que quienes aquí llaman división a unas primarias se nos presenten a menudo como furibundos pro estadounidenses; cuando allí no sólo se elige así a los candidatos de sus principales partidos sino que, en algunos estados, cualquiera puede votar en esas elecciones, sea militante o no, aunque no sea ni simpatizante.
Pero, para los amantes de esa visión mefistofélica de Zapatero, no desesperen, yo les propongo una manera. Dado que el presidente es amante de los relatos de Borges, y como el argentino urdió más de una trama en la que el traidor y el héroe son la misma persona (el chivato británico y el líder del IRA; o el sultán opresor y líder de la revuelta) quizá esa ha sido la inspiración de Zapatero. Lo ha hecho a propósito, es un paripé estratégicamente planeado desde el principio para llamar más la atención sobre la candidatura socialista. Dígalo en los bares, triunfe en las tertulias.


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