lunes, 2 de agosto de 2010

La teoría del vampiro


La teoría del capitalismo dice que funciona más eficazmente que cualquier otro modelo económico porque premia con más dinero a los que hacen las cosas bien y castiga con la ruina a los que fracasan. Además esto lo logra automáticamente gracias a la ley de la oferta y la demanda que se mueve como una mano invisible en los mercados. De esta fantástica premisa, tan apta para el mundo adulto como guardar bajo la almohada cada diente que se caiga a la espera de un mágico regalo del Ratoncito Pérez, se derivan la mayoría de las políticas sociales que ahora vamos a padecer, como la próxima reforma laboral. La teoría sostiene que el mercado de trabajo español es rígido y hace falta pagar menos por cada despido y que sea posible hacerlo por motivos más etéreos, como una previsión de pérdidas. Así, sostienen los teóricos, los trabajadores se pondrán las pilas y no vivirán amodorrados en ese país de Jauja donde las fuentes manan miel que es el paro.
Lo que pasa es que el mundo real no así, y tampoco funciona de ese modo la teoría. Tomemos como ejemplo el caso del ex consejero delegado de British Petroleum, Tony Hayward, que ha llevado a su compañía a unas enormes pérdidas, tantas que amenazan el sistema de pensiones británico y, además no ha hecho más que escaquearse del mayor vertido de crudo en la historia de EEUU. La teoría dice que Hayward debería estar ahora en la calle, sin esperanza de una carta de recomendación; pero lo cierto es que le han buscado empleo automático en una filial rusa de la compañía, se lleva un millón de euros de indemnización y, cuando cumpla 55 años cobrará una pensión anual de 775.000 euros. Menudo castigo para el fracaso, no cabe en mi imaginación de mortal cómo debe ser el premio del éxito. Porque de eso va este cuento que ya no tiene nada que ver con el mérito, ni con las clases. Esto ya son dos rígidos estamentos, uno para los mortales, y el otro para los vampiros.



No para cualquiera (02-09-10)

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