viernes, 27 de agosto de 2010

Sed herejes




A la pregunta de ¿Qué es peor?, los lectores de este blog han respondido:



--Adaptar un libro al cine: 6 (6%)

--Adaptar un cómic al cine: 10 (11%)

--Hacer un libro de una película: 71 (81%)


Bueno, el resultado es abrumador; a veces da cosica ir al cine cuando vas a ver una adaptación de uno de tus libros predilectos, también sucede algo parecido cuando llevan a la gran pantalla un cómic; por lo que no pasaríamos ninguno es por leernos un truño basado en una película por mucho nos haya gustado verla sentados en la butaca. ¿Por qué?

Pues la respuesta es bien fácil. Cuando se adapta una novela al cine es casi un clásico que el autor original se sienta decepcionado con el resultado final en la pantalla. Cine y literatura son dos lenguajes diferentes y no siempre se casan bien el uno con el otro --hay veces que sí, y se me ocurre el caso de Trainspotting, buena novela y buena película, aunque sean muy distintas--. Lo mismo viene a pasar con los cómics (aunque sea una bendición, por ejemplo, que haya gente que se haya sentado a leer Watchmen después de ver la película y descubrir así una obra maestra de verdad), pero el proceso inverso es desconocido. Para mi al menos.

Y creo que es porque nunca hemos visto a un director de cine quejarse amargamente de cómo han cambiado su obra en la adaptación a una novela. En la mayoría de los casos si un libro sigue a una película lo hace como objeto de márketing, junto a los muñecos, las sábanas y vajilla. Una mera transcripción más o menos correcta del guión escrita por encargo. ¿No va siendo hora de que los escritores audaces cojan una película y la pongan patas arriba sobre el papel, negro sobre blanco? Sin respetar nada, sin referencias a secuencias, ni planos, ni escenarios. Que cierren los ojos de su recuerdo e imaginen todo un nuevo universo para contar el mismo relato.

A mi me gustaría leer (y si no llega, tendré que escribirla yo) una novela sobre El imperio contraataca. Ella sola, sin prólogo de Una nueva esperanza y sin la esperanza de llegar a leer El Retorno de Jedi. Una obra que no tema cambiar lo que se tenga que cambiar para que la acción se pliegue a lo que requiere una página de papel y no un fotograma. Y pongo este ejemplo porque es un clásico, uno que podría los pelos de punta a los puristas, una llamada a la herejía sobre un tema que tantos amamos.

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