lunes, 6 de septiembre de 2010

Capital y fascismo


El pasado mes de julio, un empresario escudado en un fondo financiero compró todo el cacao de Europa, disparando su precio, con el único propósito de especular. La semana pasada se conocía que, en EEUU, las empresas que en 2009 habían registrado un mayor número de despidos eran las mismas en las que sus consejeros directivos más habían elevado sus primas y compensaciones en el mismo año. Quizá mucha gente quiera seguir viviendo como si no se hubieran enterado, pero este sistema en el que vivimos ya no es capitalismo; o, al menos, no en el sentido clásico de un sistema económico que distribuye la riqueza en función de la oferta y la demanda según las necesidades de la sociedad. No, vivimos bajo una (eso sí) lustrosa tiranía de piratas, una pura mafia de cuello blanco para la que no existe la ley. Hay casos de empresas saneadas con dinero público en la que el coste de las primas de estos ejecutivos supera o iguala el supuesto gasto que se ahorra la empresa despidiendo trabajadores de mil en mil. Ya no es que se trate de una evidente inmoralidad, es que no tiene la menor lógica económica.
En los dos últimos años se ha hablado mucho, y con razón, de la crisis de la izquierda incapaz aún en el gobierno (como es nuestro caso) de plantear sus propuestas ante la recesión. Pero, lo cierto es que también la derecha está en crisis porque, ¿de verdad es esto lo que defienden?, ¿un sistema irracional en que se premia a los malos gestores, la ineficacia de que los peores acumulen todos los caudales, también los públicos, mientras los mejores se arruinan por falta de oportunidades? ¿de verdad? Otro clásico es que se ha abusado del término fascista en el debate político últimamente, pero, ¿qué es esto sino un puro fascismo que, en vez de poner a una raza en el centro de su loca ideología, corona a quien logra más dinero, ya sea por las buenas o por las malas?


No para cualquiera (06-09-10)

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