miércoles, 8 de septiembre de 2010

Fabes y almejes


En su sermón del Día de Asturias, el arzobispo de Oviedo ha hecho un discurso en defensa del modelo católico tradicional de familia que ha escogido unas metáforas algo equivocadas.

Ha equiparado la "prepotencia machista" a la "demagogia feminista" como grandes males de la situación de la mujer; y aunque yo a la segunda suelo atacarla mucho por aquí, la verdad es que no creo que pueda compararse con las muertes de la primera. Pero lo mejor ha sido su referencia a Covadonga que es, en su opinión, "como nuestros mejores caldos, las fabes y la sidrina tiene una denominación de origen, que es la cristiana".

Y la verdad es que no. Los historiadores debaten sobre el origen de la sidra, que podría haber tenido a su zumo antepasado en el Zhytos, en todo caso, romano o prerromano, pero bien pagano. La propia Covadonga debió haber sido un lugar de culto astur, consagrado al agua. Así lo sugiere la etimología del nombre del río Deva (diosa) que fluye en cascada bajo el santuario. Hasta la fabada, pese a ser muy popular, sólo puede remontar sus orígenes al siglo XIX.

Pero como estamos mezclando las cosas del comer con los discursos, ¿por qué no honrar también al muy asturiano plato de fabes con almejes? Quizá una mezcla así, del mar a la huerta, le parezca algo herética al arzobispo, como lo de las peras y las manzanas en la familia, pero se lo aseguro, está delicioso.

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