viernes, 17 de septiembre de 2010

Puta gracia

La alcaldesa de Gijón hoy ha sentido que descendía sobre ella la justicia poética. Con "sonrisa prodifent" (así lo ha dicho) ha recibido la noticia de la denuncia de que parte de los folletos de las fiestas de San Mateo de Oviedo llevan en su contraportada la publicidad de un club de alterne.

La ironía de la alcaldesa le sabe a gloria después de la poco graciosa carta del alcalde Oviedo sobre el festival erótico que acogerá Gijón en noviembre, que a él le parecía muy risible y hasta se ofrecía de extra para un cameo o lo que cuadre en un hipotética película porno que se fuera a rodar, pero sin especificar qué genero, que no sé si le irá más el gang-bang, el gonzo, o algún fetiche concreto.

Aquí siempre he defendido las posturas que abogan por la regulación de la prostitución y no por la abolición; pero no deja de llamarme la atención en el conservadurismo de una cierta visión pacata y cínica a la vez del sexo, que abomina del sano erotismo (como si fuese algo sucio o, en todo caso, algo que se acoge con risitas cómplices); mientras que el puterío sí es lícito, aunque sea nocturno y algo clandestino, de compadreo varonil para culminar una noche de farra.

Dicho todo esto, llevamos un verano en tórrido en Asturias en el que lo mismo a la izquierda que a la derecha les ha dado por ponerse especialmente puritanos. Empezamos con la polémica por el cartel del Festival de la Cerveza de Avilés, que a la concejala de la mujer le pareció sexista. Es este:


Por cierto, que también se celebra un festival de la cerveza en el San Mateo de Oviedo con inspiración similar, pero nadie ha dicho nada.


Pues a mí los dos me parecen, cada cual a su manera, muy sugerentes y muy sanos. Lo mismo que me parece excelente que se celebre un festival de cine erótico en Gijón. Y estoy a favor de que quien voluntariamente quiera dedicarse a la prostitución reciba toda la ayuda posible para hacerlo en las mejores condiciones laborales y sanitarias. Y, a la vez que todo eso, aborrezco la esclavitud sexual a la que se condena a muchas y muchos de quienes tienen que prostituirse en este país; y especialmente aborrezco, a quienes dicen que tienen un local de copas o un hostal pero en realidad son proxenetas y a los que, encima, les ríen la puta gracia.

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