miércoles, 15 de septiembre de 2010

Ser legal

Gracias a Felipe González, que se ha sumado al grupo de ex estadistas que se han caído de la burra últimamente, vamos a pasarnos unos días discutiendo la legalización de las drogas. Medida que, en mi opinión, ya está tardando mucho.

No voy a repetir aquí los argumentos a favor de la legalización que, en mi opinión, son evidentes y facilitarían la resolución de muchos de nuestros problemas. Más bien quiero llamar la atención sobre el nuevo contra argumento que puede salir al paso en el caso de que mucha gente comenzara a tomarse en serio esta necesidad. Y es el de que la legalización --de la marihuana, o de las drogas en general-- podría ser en realidad un intento de resolver con atajos la crisis, en el mejor de los casos, tratando de sacar una gran cantidad de dinero negro a la superficie; o, en el peor de los casos, como una forma de anestesia social. Es la tesis de Santiago Niño Becerra, economista del Apocalipsis y astrólogo de la Era de Acuario (que yo no sé por qué a tanta gente le resulta llamativo cuando, seguramente, son dos oficios que funcionan exactamente igual).

Vamos a aclarar unas cosas:

La legalización de las drogas es, ante todo y en primer lugar, una cuestión de derechos civiles porque ninguna autoridad puede decirnos que podemos o no podemos meternos en el cuerpo a los adultos. Es, en segundo lugar, el medio más eficaz para tratar de ayudar a los adictos a cualquier sustancia porque se les puede tratar con la sustancia de verdad, no una mierda que es polvos de talco o boñiga de burro. Es, en tercer lugar, la única manera de acabar con el gigantesco negocio del crimen organizado que está a punto de poner en jaque a muchos estados (y con el crimen organizado de los especuladores financieros ya tenemos bastante, ¿no?) y, en último lugar es también un método muy saludable y lícito de ayudar a recuperar la economía.

Los detractores creen que si se legalizan las drogas se dispararía el consumo a límites insospechados. Algo así:


Lo que pasa es que eso es exactamente lo que ya está ocurriendo, otra cosa es que no lo quieran ver, los muy hipócritas.

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