martes, 12 de octubre de 2010

El suicidio es colectivo


Cuando Zapatero anunció su cambio de política económica, una fuerte reducción del déficit, una reforma laboral que abarata el despido y, ahora también, una reforma de las pensiones; dijo que lo haría “cueste lo que me cueste”. En la víspera de la huelga general, los sindicatos dijeron que el presidente se estaba “suicidando”. Y es verdad, pero ¿cómo? Para parte de su electorado, Zapatero se suicida como un kamikaze, que se lanza sobre ellos, porque todas estas medidas económicas se dirigen únicamente a recortar derechos de los trabajadores mientras que los financieros responsables de la crisis no han sufrido, si quiera, una reprimenda. Dentro de su partido, el suicidio se espera que sea a lo bonzo, y algunos asisten en silencio a la inmolación; mientras que, los más veletas como el presidente de Castilla-La Mancha, sacuden la pierna de vez en cuando no vaya a ser que se chamusquen.

Pese a todo, para ser justos, lo que está ocurriendo aquí es un suicidio colectivo, en el que casi todo el país ha desistido de todo y solo espera que los rescoldos se apaguen para ver qué pasa con las cenizas. Lo hace el PP, con un Rajoy que ha decidido tomarse legislatura sabática y ha hecho de ZP el chivo expiatorio de la crisis. No aportan ninguna alternativa y, cuando lo hacen, o bien da risa (como cuando sugieren aumentar el gasto social a la vez que bajan los impuestos) o dan miedo (como cuando proponen aumentar el contrato de formación hasta los 30 años). Pero lo más sibilino y malvado es cuando se insinúa que los mercados no confían en este gobierno pero lo harán con otro. No basta que esos mercados hayan derrotado a nuestras democracias imponiendo la política económica que más les conviene, ahora también nos dirán quién conviene que no presida.

Si el suicidio de ideas fuera exclusivo de los partidos políticos, tendríamos un problema menor, pero la desidia es generalizada. La iniciativa privada que exige tantos recortes, llora luego porque no hay el estímulo de la inversión pública. Sesudos expertos nos advierten de que hay una generación escasamente formada que ya no podrá trabajar en el ladrillo, pero al mismo tiempo, los doctores, investigadores y políglotas jóvenes que podrían aportar su talento tienen que irse de España porque las empresas no les contratan o lo hacen en la más absoluta precariedad. Se llaman a sí mismos emprendedores, pero acabada la época de la estafa piramidal del ladrillo, ya nadie emprende nada, porque una cosa es dar pelotazos, y otra competir de verdad. De los fracasos de Gerardo Díaz Ferrán, sus colegas de la patronal dicen que tuvo “mala suerte”. Los empresarios españoles se arrogan todos los éxitos, pero nunca asumen la responsabilidad de los fiascos.

En las bolsas, nos dicen que está mal que hablemos de especuladores, que sólo son gente que ha prestado dinero y que quiere recuperarlo. ¿Por qué no decimos, entonces, que a esa gente le prestamos nosotros el dinero cuando hubo que tapar sus pufos hace dos años y siguen tan campantes? Si los bancos no dan crédito, ¿a qué se dedica el gobernador del Banco de España? Pierde demasiado tiempo extendiendo recetas a los demás, pero no se ocupa de los suyo. Nadie quiere decir nada que no sea señalar al de al lado como máximo culpable. Y mientras tanto, quienes de verdad construyen el país, los que madrugan, siguen en el tajo. Laboriosos en la hecatombe.




Banda sonora: You're too old to lose it, too young to choose it, Rock 'N' Roll Suicide, de David Bowie.

1 comentario:

Fet dijo...

...And the clock waits so patiently on your song...
Una de las más hermosas canciones jamás compuestas.

No sólo no se han llevado los causantes de la crisis una reprimenda, sino que sus beneficios se han incrementado en zillones de aurelios.

Lo malo del suicidio es que si te gusta no puedes repetir. Magnífico análisis, Maese.