domingo, 31 de octubre de 2010

Fátima sin milagros



En un encuentro literario en el que también participó Terenci Moix; en el auditorio de Oviedo, y acompañado por Juan Cruz como presentador, Manuel Vicent nos contó cómo había conocido a la Virgen de Fátima en persona, en un café de Lisboa, ya anciana. Claro que cuando se convirtió en Virgen de Fátima, a comienzos del siglo XX era una joven lozana, británica para más señas, y con la tez muy blanca, que se desplazó a Portugal acompañando a su marido, un topógrafo que trabajaba en obras que se contruían en ese tiempo en la zona que hoy acoge un santuario y centro de peregrinación. La joven muchacha, que se llamaba Mary, paseaba por el campo vestida de blanco (algo verdaderamente llamativo en el campo portugués de aquél entonces) y con un chal azul que les sirvió para cubrirse la cabeza cuando el pilló la lluvia en medio del paseo. Se subió a un arbol para atecharse, se durmió y cuando despertó se encontró con tres pastorcillos que la miraban fascinados. Les dijo que se llamaba María y en los días en los que coincidió con ellos hablaron de lo que pasaba en el mundo en aquellas fechas, la Primera Guerra Mundial y esas cosas. Después su marido terminó sus trabajos y se marcharon; cuando regresaron no sé si al año siguiente, o alguno más después, el árbol en el que se había guarecido era un centro de veneración mariano de primer nivel y hasta hoy.

Creo que Vicent cuenta esta historia allá por donde va, y ya la leído en varios blogs con distintas variantes de nombres y detalles. No sé si será cierta o una invención literaria; desde luego tienen que admitir que es un relato mucho más lógico y posible que la versión de los tres pastores y de la Iglesia Católica.


Lo cierto es que hace tres años, publiqué un reportaje en La Voz de Asturias, con este texto, sobre un ensayo de Umberco Eco acerca de las revelaciones de Sor Lucía. Eco no dejaba de darle vueltas a que tanta imaginería del apocalipsis le sonaba de algo, y era, claro de las ilustraciones del Beato de Liébana.

Eso sí, tanto los descreídos racionales, como los que hacen caso de estas fantásticas fabulaciones, todos podemos disfrutar de las bellísimas ilustraciones de ese Beato que se han recopilado en gran tamaño aquí.

No hay comentarios: