martes, 19 de octubre de 2010

Un timo global


Es duro decirlo pero, para salir de la crisis, los empresarios españoles van a tener que contratar más y ganar menos. Digo que es duro decirlo porque, aunque es lo más lógico, no se lo acabo de escuchar a nadie en ninguno de los debates que padecemos hasta el tedio en los últimos dos años. Todo lo contrario, de hecho, la semana pasada el todavía presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, proclamó todo lo contrario, él que ha estado meses sin pagar las nóminas a muchos de sus trabajadores, y aunque se ha llevado alguna colleja no se le han acabado de poner todos los puntos sobre las íes como es debido.

Sí, los empresarios deben contratar más. Y no se trata solo de que haya que mejorar las tercermundistas condiciones de precariedad que hemos sufrido incluso en épocas de bonanza (que es cuando nació el mileurismo, no en la crisis, y en las que se ha permitido que se encadenen contratos temporales de días, u horas, sin que pasara nada); que va. Eso ya sería demasiado, seamos más humildes y empecemos por pedir simplemente que la patronal firme contratos con sus trabajadores, porque lo cierto es que una cuarta parte de nuestros negocios se mueven en la economía sumergida, lo que supone un robo para todos. Y lo extraño, lo que ya es verdaderamente sospechoso, es que no sean los mismos empresarios los que pongan el grito en el cielo ante este relajo con el mercado negro, porque se está castigando a quien sí cumple las normas. Son, o deberían ser, los primeros interesados en que se acabara con este fraude generalizado.

Y, sí, van a tener que ganar menos. Y no se trata de imponerle a la gente que arriesga su dinero en un negocio qué es lo que debe hacer con él. Sino de que, para ser un verdadero emprendedor, parte del beneficio tiene que invertirse en la propia empresa, en renovar la producción y en desarrollarse con investigación y nuevas tecnologías. Eso es ser más competitivo y más productivo. Es obvio que buena parte de las empresas españolas no lo han hecho, no han sabido aprovechar el talento de una nueva generación más formada que arrastra títulos, másters y dos o tres idiomas por las oficinas de desempleo hasta que se marcha a otro país.

La crisis exige sacrificios y los trabajadores los han hecho. A muchos se les han congelado o se les han rebajado los sueldos; se ha abaratado el despido y se amenaza con endurecérseles las pensiones. Pero no vemos un firme propósito en la patronal ni de luchar contra el fraude fiscal, ni de promover reformas en los horarios laborales para producir mejor, ni de apostar por la estabilidad en los contratos. Sólo oímos hablar de exprimir aún más a los currelas . Pero esos trabajadores son también los consumidores de los productos que ellos venden, ¿cómo los comprarán? Son ellos sobre los que recae casi en exclusiva la imposición de tributos, ¿cómo podrá la inversión pública tirar de la economía si la iniciativa privada se escaquea constantemente? Lo cierto es que fue el dinero público el que tapó el agujero financiero con el que comenzó esta crisis, pero los mismos que la causaron siguen en sus puestos, cobrando bonos millonarios mientras exigen recortes a los demás. Si los beneficios de la banca y Wall Street suben como la espuma pero no crece el empleo ni hay crédito quizá es que no estamos viviendo una crisis. ¿No será más bien un estafa de escala mundial, el primer timo global de la historia?


No hay comentarios: