martes, 23 de noviembre de 2010

Huevos de eurodiputado


Los pasajeros de avión de Estados Unidos se están rebelando, han sentido que se estaban cruzando demasiados límites en los controles de seguridad, literalmente se han quejado, con perdón, de que les estaban tocando los huevos. “Si toca mis partes voy a hacer que le detengan”, le dijo un pasajero a uno de los agentes de seguridad del aeropuerto de San Diego, en California, mientras lo grababa todo en un vídeo que la semana pasada fue un éxito de audiencia en internet. Le habían obligado a un cacheo extremo porque no había querido pasar por el instrumento de tortura alternativo, el escáner corporal que, además de sospecharse que puede tener efectos nocivos para la salud, toma imágenes algo impúdicas de los pasajeros. Imágenes que se supone son destruidas de forma automática pero que también la semana pasada se ha descubierto que eran almacenadas de forma ilegal por cuerpos policiales. El hecho de que el cacheo se cebe en los genitales de quien no quiera pasar el escáner corporal es una medida consciente, establecida a propósito, con el objetivo dicen, de poner de manifiesto que quienes se nieguen rotundamente a los manoseos son terroristas que tienen algo que ocultar. Las autoridades saben que los ciudadanos de bien están dispuestos a descalzarse, a enseñar media nalga con los cinturones en la mano y, ahora también a dejase palpar la entrepierna sin rechistar.

En EEUU se ha iniciado una campaña para boicotear a las compañías aéreas proponiendo que los traslados en las fiestas de Acción de Gracias se hagan en medios alternativos, como en tren o en coche, y no sé que éxito lograrán pero al menos es una iniciativa ciudadana contra la arbitrariedad del poder. En Europa hizo falta que alguien le tocara las narices a un eurodiputado, a Ignacio Guardans, para que se conociera el texto de la normativa europea de esos controles, que era secreta. Miles de ciudadanos anónimos sufrieron en silencio las exigencias de quitarse los zapatos (que no es obligatorio) o de vaciar recipientes de líquidos (cuando está permitido llevarlos en bolsas transparentes y la norma no afecta a medicamentos); sólo cuando alguien con asiento en Estrasburgo se sintió molesto se empezaron a tomar medidas. Al fin al cabo, ¿cuál es el objetivo de los terroristas? ¿no es sembrar el terror, hacer que vivamos en un estado de miedo constante, recelosos del prójimo y dispuestos a sacrificar nuestra dignidad por la supervivencia? Pues lo están consiguiendo, pero con la ayuda de los gobiernos que les combaten. En realidad no le auguro mucho éxito al boicot de los aviones en Acción de Gracias porque las cenas familiares en vísperas de navidad son otro de los poderes fácticos verdaderamente temibles de este mundo y no se les puede amenazar con retrasos a la ligera; pero por algo se empieza.

Quizás en un futuro no muy lejano la gente también se canse de verdad de los atropellos económicos del sector financiero al que llevamos unos cuantos años rescatando con fondos públicos, esta semana en Irlanda. Los mismos que en unos días especularán con la deuda de los estados para que accedamos a tomar las medidas que los apacigüen, menos pensiones o menos derechos sociales. Algo habrá que hacer, porque no parece posible que ningún banco vaya a desahuciar a un eurodiputado a medio plazo; que parece que es la única manera de que por aquí se tomen medidas.

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