miércoles, 1 de diciembre de 2010

Cínicos y mezquinos



Pues menos mal que Zapatero había abandonado el espíritu atlantista occidental de la gente de orden de toda la vida y poco menos que formaba parte de un eje del mal de medio pelo y sudaca compuesto por la Cuba castrista, la Venezuela de Chávez y la Bolivia de Evo. Eso es lo que repetían una y otra vez los carcas con escaño o con columna de opinión.

Y mira, no. Resulta que nuestro gobierno era casi igual de lacayo que el de Aznar con EEUU. Son demoledoras las revelaciones sobre el caso Couso que se han dado a conocer con los papeles de Wikileaks entre ayer y hoy en El País. Dejan en muy mal lugar a María Teresa Fernández de la Vega, a Moratinos, y algunos altos cargos de Exteriores. Pero por encima de todo al fiscal general del Estado, Cándido Gómez-Pumpido, que debería haber dimitido ayer. Es una vergüenza porque, además, el gobierno socialista apoyó en público antes de llegar al gobierno y después las reivindicaciones justísimas de la familia de Couso y se han comportado de forma absolutamente hipócrita y cínica.



Pero, en todo caso y aún reconociendo esa infamia; el asunto de Couso deja un lugar a la esperanza. El proceso siguió adelante y, en general, los magistrados se comportaron con independencia. Otra cosa es el asunto de la persecución internacional de los crímenes de Guantánamo en la que las presiones para que no salga adelante provienen de un fiscal de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, no hay presiones políticas de oscuros tejemanejes por los intereses de las relaciones entre España y EEUU. Zaragoza se ofrece motu proprio a obstaculizar la investigación y, sobre todo, evitar que caiga en manos de Baltasar Garzón. Esto es muy relevante, Zaragoza será quien encabece después el ataque contra Garzón por la investigación de los crímenes del franquismo; un asunto que, en un triple asalto (sumando causas por las escuchas a abogados del caso Gürtel y supuestos cobros del Banco Santander) terminaron con la suspensión del juez y su marcha a la Corte Penal Internacional.


El primer caso nos habla del cinismo político, de la utilización de las personas con fines electoralistas para luego ceder a la realpolitik de los intereses de Estado. El segundo asunto, nos revela la profunda corrupción de autoridades que no son elegidas y sobre las que no pesa la amenaza de perder en unos comicios el puesto de responsabilidad que ocupan. Nos enseñan, otra vez, que la judicatura española es mezquina, arrogante y muy poco democrática. Y puede que este no sea uno de los menores problemas de España a la hora de regenerarse y cambiar, no todo es economía.

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