domingo, 12 de diciembre de 2010

La mula y el buey


Como las navidades empiezan ahora a finales de noviembre, ya llevamos unas cuantas semanas de luces de colores, regalos de atrezzo y nieve de spray sobre nosotros. Finalmente nos han alcanzado los belenes. Primero en Madrid, donde Esperanza Aguirre llegó en plan de recalificadora de terrenos indicando a los artesanos lo que era edificable y lo que no. Es una deformación profesional, no se lo tengan en cuenta.

Esa es la mula. El buey es otro alcalde, el de Oviedo, que en la inauguración del belén de la plaza de la Catedral aprovechó para criticar a los diez colegios de la capital asturiana que no han querido celebrar esa tradición particular. Voy a enlazar la nota de LNE porque, otra cosa no, pero ese periódico se ocupa con cuidado exquisito en reproducir siempre con alta fidelidad las palabras de Gabino de Lorenzo, ahí va.

Dice el alcalde que "lamenta" que no hay belenes en diez escuelas por la presión "de una minoría". Dice que el belén es una tradición de una "mayoría silenciosa" y que "es esa mayoría la que tiene que mandar".

Pues no, no son las cosas así. Convendría que de una vez los autodenominados liberales españoles se decidieran a leer Sobre la libertad de John Stuart Mill; para que pudieran opinar con propiedad sobre los derechos de minorías y mayorías desde una postura liberal. Aunque no tengo muchas esperanzas.

Probemos otro camino. Personalmente debo confesar que me gusta llevar a mi hijo a ver el belén de la catedral, le encanta ver las figuritas, sobre todo los animales. Lo cierto es que lo mismo disfrutaría si cada navidad montaran un diorama de Star Wars, o la aldea de los pitufos. Quiero decir que el significado religioso de la instalación nos importa un bledo a los dos. El caso es que la escuela es un lugar al que se va a aprender materias útiles y diversas para que los pequeños, independientemente de su origen social, económico o cultural, reciban una formación amplia y universal antes de optar, más mayores, por una educación especializada que les lleve a un oficio. La escuela debe ser neutral, especialmente en los asuntos políticos y religiosos, porque debe ser para todo el mundo. No cabe ni los belenes, ni el Yom Kipur, ni el Ramadán. Cada uno en su casa.

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