martes, 14 de diciembre de 2010

Palos y moros


La semana pasada apalearon a dos menores inmigrantes en Oviedo en plena madrugada en una razzia motorizada desde un Peugeot gris que terminó con los heridos en el hospital con lesiones graves. Lo que vino después merece más de un comentario. La policía abrió una investigación pero el delegado del Gobierno, Antonio Trevín, se esforzó en recalcarnos que, hasta que no se aclaren todos los detalles de este caso, no se podía hablar de un incidente racista porque, dijo, que no estaba claro el móvil del ataque; como si la lluvia de madera en las madrugadas fuera un fenómeno meteorológico típico de estas fechas invernales.

En los comentarios anónimos de las noticias en las ediciones digitales de los diarios lo tenían muy claro; estos moros medio salvajes que ni estudian ni trabajan pero que visten a la última y tienen teléfono móvil son unos delincuentes habituales que han asentado su reino del terror en las inmediaciones del Parque de Invierno y esta tempestad de palos que les ha caído es fruto de su siembra de vientos criminales en la vecindad ante el pasotismo de las autoridades. Vamos que se lo tenían merecido y que se vuelvan a su país.

El cliché establece que, después de oír estos argumentos, se despachen diciendo que no merecen más comentarios; pero sí que se los merecen, siquiera para dejar constancia de que las normas que prohiben publicar comentarios racistas en las webs de los periódicos son un adorno sin ningún valor que los administradores se pasan por el arco del triunfo. No se puede tolerar que se criminalice a un colectivo en su conjunto porque algunos individuos de ese grupo hayan cometido un delito.

Si alguien nos roba o nos agrede, exigimos que se le persiga por esas acciones, y es totalmente irrelevante que sea marroquí, asturiano, tailandés o esquimal. Ese es uno de los valores fundamentales de nuestra civilización, y quienes predican tomarse la justicia por su mano y el linchamiento nocturno son los bárbaros; aunque tengan DNI, aunque les guste escuchar lírica en el Campoamor.

Y lo cierto es que nadie niega que se hayan podido producir problemas, y alguna vez graves, con chicos que hayan pasado por los centros de acogida. Y ese es un dato relevante porque no todos los jóvenes que se reúnen en el Parque de Invierno son usuarios actuales del Centro del Materno.

Cabría discutir la forma en la que se gestiona la atención a los menores inmigrantes, algunos criados directamente en la calle. Seguro que existen muchos modelos de educación que se pueden debatir, seguro también que ninguno se basa en las palizas y el abandono, como pide la turba. Es bastante discutible que exista un problema de inseguridad sistemático en esa zona de Oviedo, pero si lo hay lo que se requiere es que un cuerpo organizado con autoridad se ocupe de perseguir a los individuos que delinquen. Creo que ya existe, suele vestir de azul y se llama policía.

Resulta curioso que los responsables municipales hayan dispuesto que muchos de sus miembros se desplieguen no en el extrarradio sino por las calles del centro de la ciudad para combatir peligrosísimos elementos como los mendigos que extienden la palma de la mano rogando una moneda, o los vendedores ambulantes de discos y bolsos falsificados, algo que preocupa sobre todo a Alejandro Sanz y a Cartier. Seguramente a usted mucho menos.


2 comentarios:

Small Blue Thing dijo...

El racismo del comentario anónimo, del rechazo sutil, ese del que he hablado otras veces, es peligrosísimo. Es el germen del racismo del palo. Es un virus.

No sabía que volvías a escribir en La Voz :)

Fet dijo...

En esas seguimos.