viernes, 10 de diciembre de 2010

Terror privado


Es un chiste ruso que ya se ha hecho viejo; dos ciudadanos de las antiguas repúblicas soviéticas se encuentran años después de la Perestroika y la caída del Telón de Acero, comentando la situación uno dice "lo peor del comunismo es que todo era mentira" y el otro le responde "pero lo malo es que todo lo que decían del capitalismo era verdad".

Hoy a recibido el premio Nobel de la Paz, Liu Xiaobo, sin que haya podido acudir a recogerlo, y con las ausencias notables de varios países que no han podido resistir las presiones de China. Ya sabemos las mentiras del régimen totalitario del gigante asiático, pero ¿no es terrible que sea verdad todo lo que sospechábamos de las vilezas de las multinacionales de occidente?

Las revelaciones de los cables de Wikileaks sobre las maniobras de Pfizer para eludir la justicia después de causar la muerte de 11 niños en experimentos superan el guión de una película de terror. ¿Y quienes son los que están tratando por todos los medios de cerrar el paso a Wikileaks? Empresas, Amazon, PayPal, bancos de suiza, corporaciones de tarjetas de crédito. El terrorismo de Estado es uno de los mayores peligros de este mundo; pero el terrorismo privado, que empresas que solo rinden cuentas para su junta de accionistas (y a veces, ni eso) decidan quién puede hablar o no, a quién podemos escuchar o no, nos adentra en un mundo de arbitrariedades abismales. Más en una época en que las grandes corporaciones superan en riqueza a muchos países; en la que hemos visto la privatización de la guerra en Irak con empresas de mercenarios como Black Water. Lo más parecido que conocemos a ese futuro es el feudalismo; uno con satélites y fusiles de repetición. Sólo es una anécdota al lado de lo que hoy tratamos, pero a Alaska le retiraron los discos de las tiendas porque no gustaron unas declaraciones suyas sobre la piratería.


Y en estas llegó la Operation Payback de Anonymous como represalia y muchos no saben que decir. Los medios tradicionales se debaten entre la fascinación por un fenómeno que no entienden (hoy en El País a 4Chan lo definen como "un popular foro de entusiastas de la seguridad informática") y también las criticas a acciones masivas de algo que llaman vandalismo. Me apunto más bien a la visión de The Guardian al respecto. Y de Anonymous sigo pensando lo mismo.

Los ataques que hemos visto son equivalentes a los boicots; por cierto unos en los que no se usa ninguna violencia física, en la que nadie resulta herido. Serán lícitos o no en función de la legitimidad de sus reivindicaciones. Promover que no se compre cava catalán en Navidad por odio ideológico está mal; pedir que no se compren productos de empresas que podrían haber colaborado en el asesinato de líderes sindicales en países en desarrollo está bien. Sobre todo es la respuesta que mucha gente ha encontrado en un momento en que las instituciones convencionales parecen paralizadas, incapaces de actuar cuando no son cómplices de los depredadores de este mundo.



La foto pertenece a Stian Eikeland.

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