martes, 31 de agosto de 2010

¿Por qué lo llaman sexo, cuando quieren decir moral?

Copados los viernes, los sábados y los domingos para los días de sermón de los principales monoteísmos del planeta, el diario El País parece haber elegido los martes --día que los romanos consagraron al dios de la guerra, ¡qué cosas!-- para sus predicaciones de moralina. Al menos, van dos martes seguidos.

La semana pasada con De trapos y siliconas, artículo de Gabriela Cañas en el que la autora trataba de convencernos de que tan malo es el burka como ponerse tetas y, de paso, trata de colarnos un mensaje sobre el decoro. Particularmente, me llamó la atención este párrafo: "(...) la incoherencia de las sociedades de cultura occidental, dispuestas a perseguir a la que se tapa en exceso y a tolerar a la que hace justamente lo contrario."

Creo que la autora debería revisar su concepto de incoherencia, o al menos, las clases de lógica en el instituto ya que que si A es lo opuesto de B, perseguir A y tolerar B es complemente coherente. En fin. No, lo que me ha molestado de ese artículo es la demonización del sexo, y el planteamiento increíblemente reaccionario y puritano de que la sana exhibición del cuerpo, o incluso aunque sea la lascivia, son contrarias a la lucha feminista. Hay que joderse. La autora yerra en muchas cosas, sólo me detendré en una más. Cree que el aspecto femenino está pérfidamente determinado por el sátiro deseo del patriarcado. Se equivoca, no hay ningún plan oculto occidental en la forma en que se hace sentir a la gente que debe vestirse. O, al menos, no es un plan intencionado. Se trata de un complejo sistema de recompensas y castigos sociales que, si bien obliga a que las mujeres necesiten --por regla general-- mucho más tiempo para cuidar su aspecto, lucir afeites y demás, también les abre un abanico mucho más amplio en la indumentaria que a los varones. Cañas empieza diciendo: "Es una lástima que las mujeres no hayan adoptado una corta variedad de uniformes como han hecho los hombres para poder evitar toda la carga ideológica que pesa todavía sobre la indumentaria femenina"; pero los hombres no han adoptado nada, el sistema social funciona exactamente igual para ellos que para ellas, y es severo el castigo para quien decida saltarse el limitado conjunto de colores, prendas o, incluso tejidos, que se consideran varoniles. Por lo demás, se engaña la autora si cree que el aspecto masculino occidental no se encuadra en un modelo detalladamente determinado y que debe corresponderse con un cierto desaliño, estudiadamente medido, que nunca puede confundirse con la dejadez o la suciedad, pero tampoco con un pulcritud que sugiera banalidad. Hubo un tiempo en que un hombre noble debía vestirse con encaje de forma inmaculada; desde la revolución francesa y su cambio de valores, el atuendo viril debe denotar algo totalmente distinto o parecer --y esta es la palabra-- un petimetre.

Sobre lo que la sociedad impone a unos ya otros (de forma mucho más injusta, por lo general, a las mujeres, es cierto) termino con esta imagen. Reflexionadla un poco:


Y, una semana después, llega una de puteros. Firmado por Víctor Lapuente, el título es descriptivo: El liberal, la progre y la prostituta. Ya sabemos quién le molesta más. Lapuente, que trabaja en Suecia, apuesta por implantar el modelo abolicionista del país escandinavo persiguiendo a los clientes de las meretrices para acabar con la prostitución, o ¿es con los proxenetas? Porque no nos queda nada claro.

Vamos a empezar provocando: la prostitución no tiene nada de malo, lo malo es la esclavitud sexual forzada. Sí, es así, y hay que insistir hasta que les entre en la mollera a los moralistas. Hay gente que necesita pagar por el sexo, por muchos motivos, y por muchos tipos de sexo diferente. ¿Perseguiría Lapuente a un pobre oficinista que desfoga sus fantasías de vez en cuando acudiendo a los servicios de una dominatrix profesional? Castigar a ese tipo sería el colmo del sadismo, qué quiere que le diga. Por cierto, existe la prostitución masculina, de la que casi no se habla; y también el tráfico de transexuales, que son --con mucha diferencia-- uno de los colectivos más apaleado y con menos apoyos del mundo. Hagan el favor de dejar de tocar los huevos a la gente con la forma en la que quieren follar, ocúpense de que quien lo desea, lo haga en las mejores condiciones laborales y sanitarias posibles. Lo demás es pura hipocresía, eso de querer llamarlo sexo cuando quieren decir moral. La suya, por supuesto.

lunes, 30 de agosto de 2010

La reforma del Señor Cangrejo


Ya tenemos reforma laboral y es todo discordia. No gusta a los que siempre se opusieron a ella, incluso los que la promueven reconocen que no servirá para crear empleo y; luego, están los que llevan meses clamando porque se haga, pero su espíritu de la contradicción les lleva a oponerse ahora que por fin la tienen. ¿Para qué servirá abaratar el despido en un país en el que la precariedad laboral disparó el desempleo sólo con el agotamiento de contratos temporales? Podemos escuchar todo tipo de explicaciones de sesudos economistas; pero ese es un oficio que, a día de hoy, tiene el mismo rigor que los echadores de cartas.
Nietzsche dijo que debíamos empezar a tomar las cosas serias en broma y viceversa; por eso lo más adecuado en este caso será recurrir a los dibujos animados, como la mejor metáfora de la evolución de la economía capitalista en las últimas décadas. Así, tenemos tres modelos de millonarios: el primero es el Tío Gilito, de Disney, un tacaño rematadamente avaro pero que, en realidad, no era malvado. Sí lo es su sucesor, el señor Burns, de Los Simpson, que a su afán de beneficio sin límite une una absoluta falta de escrúpulos cuando no se regodea en el sufrimiento ajeno. Es así como hemos llegado hasta el presente, pero tampoco es el señor Burns el modelo que predomina hoy, sino otro nuevo, el del Señor Cangrejo, de Bob Esponja. Usurero que guarda maletines de billetes, el Señor Cangrejo es irracional en su necesidad de acumular dinero. En un capítulo, imagina que Bob Esponja ha encontrado una moneda de 5 centavos y urde todo tipo de tretas para hacerse con ella, desde falsas obras de caridad hasta montar un cine cuya entrada sólo cuesta ese precio. Así estamos, tras arruinar a los Estados para pagar la deuda de sus pufos, el capital exige arañar un poco más, ya sea en salarios, ya sea deteniendo el gasto público, lo único que tira de la economía. También quieren la calderilla aunque todo se hunda, en el fondo del mar.



No para cualquiera (30-08-10)

viernes, 27 de agosto de 2010

Sed herejes




A la pregunta de ¿Qué es peor?, los lectores de este blog han respondido:



--Adaptar un libro al cine: 6 (6%)

--Adaptar un cómic al cine: 10 (11%)

--Hacer un libro de una película: 71 (81%)


Bueno, el resultado es abrumador; a veces da cosica ir al cine cuando vas a ver una adaptación de uno de tus libros predilectos, también sucede algo parecido cuando llevan a la gran pantalla un cómic; por lo que no pasaríamos ninguno es por leernos un truño basado en una película por mucho nos haya gustado verla sentados en la butaca. ¿Por qué?

Pues la respuesta es bien fácil. Cuando se adapta una novela al cine es casi un clásico que el autor original se sienta decepcionado con el resultado final en la pantalla. Cine y literatura son dos lenguajes diferentes y no siempre se casan bien el uno con el otro --hay veces que sí, y se me ocurre el caso de Trainspotting, buena novela y buena película, aunque sean muy distintas--. Lo mismo viene a pasar con los cómics (aunque sea una bendición, por ejemplo, que haya gente que se haya sentado a leer Watchmen después de ver la película y descubrir así una obra maestra de verdad), pero el proceso inverso es desconocido. Para mi al menos.

Y creo que es porque nunca hemos visto a un director de cine quejarse amargamente de cómo han cambiado su obra en la adaptación a una novela. En la mayoría de los casos si un libro sigue a una película lo hace como objeto de márketing, junto a los muñecos, las sábanas y vajilla. Una mera transcripción más o menos correcta del guión escrita por encargo. ¿No va siendo hora de que los escritores audaces cojan una película y la pongan patas arriba sobre el papel, negro sobre blanco? Sin respetar nada, sin referencias a secuencias, ni planos, ni escenarios. Que cierren los ojos de su recuerdo e imaginen todo un nuevo universo para contar el mismo relato.

A mi me gustaría leer (y si no llega, tendré que escribirla yo) una novela sobre El imperio contraataca. Ella sola, sin prólogo de Una nueva esperanza y sin la esperanza de llegar a leer El Retorno de Jedi. Una obra que no tema cambiar lo que se tenga que cambiar para que la acción se pliegue a lo que requiere una página de papel y no un fotograma. Y pongo este ejemplo porque es un clásico, uno que podría los pelos de punta a los puristas, una llamada a la herejía sobre un tema que tantos amamos.

lunes, 23 de agosto de 2010

Naciones obsoletas


Después de la sentencia del estatut catalán y tras las reacciones histéricas por la prohibición de las corridas de toros en esa comunidad se adivina que en los próximos meses los debates sobre soberanía e independentismo van a protagonizar buena parte de la agenda política. Será después del verano, pero unos y otros ya se van helando el corazón. Los hay que creen que ha llegado la hora de la separación, con referendos y Kósovo en el horizonte; los hay que anhelan el imposible regreso a una España única y cañí sin matices. Los hay, en ambos lados, que defienden su postura de buena fe, aunque la mayoría lo hace como un número de saltimbanqui que distrae mientras prepara el de las fieras. Todos, también los que tienen honestas convicciones, se equivocan.
Si la crisis ha traído alguna enseñanza, y seguramente de este tipo de letra que con sangre entra, es que el Estado Nación está obsoleto, y lo están lo mismo las pequeñas naciones que se sueñan homogéneas que las más grandes que se pretenden nación de naciones. Ninguna, ni las antiguas ni las modernas, ha podido mantener su soberanía frente a eso que solíamos llamar mercado y hoy se ha convertido en un leviatán ciego que dicta sus criterios por la fuerza con amenazas de quiebra y miseria. Ningún estado puede decidir hoy por sí mismo su política económica sin temor a represalias; y pensar que alguna independencia llegará de fragmentar alguno de ellos es una infantilada. También lo es pensar que regresar al centralismo supone alguna defensa contra el poder de los especuladores sin patria. O construimos una cosa mayor y más fuerte, una Europa de los ciudadanos, o terminaremos siendo súbditos feudales de las multinacionales; aunque nuestros amos, para divertirse, dejen que nos llamemos a nosotros mismos españoles, vascos, catalanes o asturianos.



No para cualquiera (23-08-10)

*La foto, bandera del imperio bizantino, de la serie Banderas de países olvidados.


domingo, 22 de agosto de 2010

Algo no es lo que debiera




A mí sí me gustó Inception (Origen), que me pareció muy entretenida, sugerente y además tiene a Michael Caine. Me pareció destacable la banda sonora --le han dedicado un buen artículo en uno de los blogs de Fotogramas--, por supuesto los efectos especiales y las interpretaciones.

Pero este no va a ser un artículo de crítica de la película, ni para exponer alguna de las múltiples teorías sobre su final abierto, usen Google si les interesa, hay a patadas, geniales y mediocres. Diré, en todo caso, que no me pareció en absoluto una película difícil de seguir, el montaje resulta perfectamente explicativo, pero como ya he visto a gente de pocas luces repetirlo, ahí va un gráfico con la línea temporal de los sueños.



No, lo que me vino a la cabeza al terminar la película es que la idea de que hay algo que no es como debiera, de que la sospecha de que últimamente la realidad no es la realidad de la buena, se ha convertido en uno de los motivos más recurrentes de la creación de ficción en la última década. Por supuesto no es un tema nuevo, viene de tan lejos como el mito de la caverna; o en los clásicos de la lengua castellana desde la siempre vigente La vida es Sueño (obra y wikipedia) de Calderón de la Barca. Pero --salvando todas las distancias-- hay algo en común entre Inception, Matrix e, incluso, Abre los ojos, solo las primeras que me vienen a la cabeza.

Es curioso que el tema del engaño general, de la posibilidad de hacer creer a alguien o a un grupo de gente de que vive en un mundo totalmente artificial mientras que la verdad --porque es horrenda, o porque ya no es interesante-- se oculta bajo un velo imposible de levantar. Si las películas --cualquiera que sea su género, o su calidad-- nos hablan siempre del tiempo en el que fueron rodadas, ¿qué es eso que tanto nos preocupa ahora? ¿por qué nuestros autores nos sugieren constantemente que no nos fiemos, que nada es lo que parece, que hay algo más que alguien no quiere que sepamos?

La respuesta parece obvia. O no.

jueves, 19 de agosto de 2010

En Aznar no se pone el Sol


Rojos envidiosos, ¿no conocéis acaso la ley causa-efecto? ¿No es cierto que, tras la visita relámpago (toda una blitzkrieg de visita) de Aznar a Melilla se han resuelto las tensiones en la frontera? ¿No ha sido su presencia un bálsamo reparador?

Podréis aducir minucias, como que Aznar nunca visitó Melilla como presidente, al contrario que Zapatero, pero nada puede ocultar el efecto imperial de su presencia y el terror que inspira en los marroquíes, en los moros, ¡coño!

No nos quedemos ahí. Mañana Aznar debería visitar Gibraltar, para que los británicos --por su mera visión-- nos devueltan el peñón, el itsmo y lo que cuadre. Y aún más; si Aznar inicia ahora una gira por hispanoamérica, ¿no caerán rendidas esas rebeldes naciones que antaño nos pertenecieron? ¿No debería ir Aznar a Nápoles, a Flandes, al Franco Condado?

Su dedo índice nos marca un camino, quizá al cielo. Los Nikis compondrán nuestro nuevo himno, en Aznar no se pone el Sol.

miércoles, 18 de agosto de 2010

España-Marruecos, la guerra que no fue


Al hilo del último conflicto bobo en la frontera con Marruecos, y dado que nadie hace caso de mi propuesta de legalizar la marihuana para plantar cara de la manera más honesta posible a la tiranía de Mohamed VI --es la forma más patriótica de boicotear al principal producto de exportación marroquí; además de ser una forma de ampliar derechos civiles, y dar un empujón al turismo y la agricultura nacionales--; y como ya se han hecho todo tipo de análisis sobre los motivos ocultos o no de esta mini crisis, voy a recomendar algo diferente y más entretenido.

Remontémonos al año 2002, cuando se produjo el conflicto de la isla de Perejil que se resolvió de forma incruenta. ¿Y si no hubiese sido así?, ¿y si todo hubiera acabado rematadamente mal, hasta el punto de desencadenar una guerra entre España y Marruecos?

Pues de eso se ocupan en el foro Alternate History, donde hace tiempo se escribió la historia paralela de la Guerra del Estrecho del año 2002, obra del Dr. Strangelove, alias de un brillante español, aunque todo está escrito en inglés. Quienes podáis leer en ese idioma disfrutaréis de un vibrante relato de lo que pudo haber sido y, afortunadamente, no fue. Para los que no hablen inglés, aquí va un pequeño y muy breve resumen:

"Los primeros encontronazos entre los gendarmes marroquíes y las fuerzas españolas acaban con muertos. La tensión se dispara y el reino Alauita invade Ceuta y Melilla (además de Chafarinas y el resto de pedruscos de posesión española en el lugar). Aznar dimite y se forma un gobierno de concentración con Rajoy de presidente y Zapatero de vicepresidente que planea el contraataque. Con muchas dificultades, España logra el apoyo de la UE para el abastecimiento de munición, mientras sus diplomáticos alargan y se resisten a todo tipo de mediación internacional, ¿por qué? El plan oculto es que, mientras España vuelve a ocupar Ceuta, Melilla y parte de la costa norte de Marruecos hasta Tanger, despliega una misión secreta en Argelia para rearmar al Frente Polisario y reabrir un nuevo frente en el sur. El relato termina con la formación de una República Saharaui, un golpe de estado en Marruecos para detener la guerra, y la ocupación permanente del área norte de país vecino hasta llegar a convertirse en una comunidad autónoma en un futuro lejano". Mi resumen no hace justicia al relato original, muy bien escrito y que se cuida en detallar cómo se desatarían incidentes racistas, ataques a mezquitas, atentados terroristas y el día a día --de forma muy realista-- de los episodios militares.

Tiene cosas bien elaboradas y otras mucho más discutibles, pero es una historia currada, entretenida y original, hecha historia-ficción. Adjetivos todos con lo que no se puede calificar la triste realidad de lo que pasa hoy en Melilla.

lunes, 16 de agosto de 2010

Contra las primarias


Lo más probable es que de aquí a octubre, cuando se celebren las primarias en el Partido Socialista de Madrid, lo que era una grave crisis de candidatura se haya convertido en una virtud de cara a los comicios. Será así porque el desgaste que sufre la clase política española es tan grande, tanto que hasta las encuestas las CIS los muestran como un problema para los ciudadanos, que cualquier proceso de apertura, una sencilla votación para elegir al cabeza de lista (sin pensar en cosas tan tremendas como las listas abiertas), llega como una bocanada de aire fresco. De tan rancio que estaba ambiente, esto tan pequeño llama la atención.
Que los militantes voten para elegir a su candidato es tan natural y tan lógico que quienes lo critican acaban siendo quedando como artificiales e irracionales. Más si se hace desde un partido como el PP, donde Rajoy fue elegido a dedo, y más aún en el PP asturiano donde --por motivos evidentes-- una propuesta semejante causa pánico. Resulta especialmente patético que quienes aquí llaman división a unas primarias se nos presenten a menudo como furibundos pro estadounidenses; cuando allí no sólo se elige así a los candidatos de sus principales partidos sino que, en algunos estados, cualquiera puede votar en esas elecciones, sea militante o no, aunque no sea ni simpatizante.
Pero, para los amantes de esa visión mefistofélica de Zapatero, no desesperen, yo les propongo una manera. Dado que el presidente es amante de los relatos de Borges, y como el argentino urdió más de una trama en la que el traidor y el héroe son la misma persona (el chivato británico y el líder del IRA; o el sultán opresor y líder de la revuelta) quizá esa ha sido la inspiración de Zapatero. Lo ha hecho a propósito, es un paripé estratégicamente planeado desde el principio para llamar más la atención sobre la candidatura socialista. Dígalo en los bares, triunfe en las tertulias.


lunes, 9 de agosto de 2010

Un sitio para la caridad


Bien está que saduceos y fariseos se queden maravillados con la parábola del buen samaritano, que mérito tiene haber sido el único en haberse parado a socorrer al pobre viajero asaltado y apaleado hasta quedar al borde de la muerte. Menos maravilloso pero, sin duda mucho más eficaz, hubiera sido una historia en la que una aguerrida legión romana patrullara los caminos prendiendo a los malhechores y, en los casos en los que no pudieran evitar el crimen, acudieran a prestar auxilio a los heridos, trasladándolos a un servicio de galenos que funcionara de forma regular.
Viene esto al caso de la noticia del club de multimillonarios filántropos que apadrina Bill Gates y que ha acaparado titulares en todos los periódicos del mundo. Quieren “devolver a la sociedad” lo que tanto les ha dado y destinar su fortuna, no a sus herederos, sino a salud y educación. Muy loable. Pero yo preferiría otro plan. Basta con que los multimillonarios paguen salarios justos a los trabajadores de sus empresas y no deslocalicen sus negocios allá donde no existen los derechos laborales y se explota a niños; que no inviertan en negocios que promueven el hambre o la guerra en lejanos países destartalados; no especulen en bolsa arriesgando el sustento de miles de desconocidos curritos; que paguen sin subterfugios sus impuestos (eso sí que asegura la sanidad y la educación) sin tratar de evadirlos en paraísos fiscales. Quizá es que sin hacer todas esas cosas no es posible llegar a ser multimillonario, sólo millonario, no sé si les basta. El caso es que a la sociedad nos sobraría con que a las grandes fortunas del mundo les diera por cumplir la mayoría de las leyes con normalidad, y regirse por algún principio que no sea la pura codicia y la rapiña en sus negocios. Vamos, que de lo que estamos más necesitados es de lo que suele llamarse justicia. La caridad métansela donde les quepa.



No para cualquiera (09-08-10)

lunes, 2 de agosto de 2010

Otros símbolos


Lo cierto es que la lidia de los toros, un tipo con una capa que vacila al animal con el trapo, nació como una suerte de rebelión popular contra el festejo nobiliario del lanceo de los toros. La cosa es que se reunían los potentados y, para entrenerse, se lanzaban a lomos de un caballo asestándole punzadas al toro. Los caballos acaban destripados. Y mientras se cambiaba el rocín del gentilhombre, algunos escuderos o lacayos del séquito, mareaban al toro con las capas. Llegó un momento en que el público prefirió alabar las hazañas de estos mindundis antes que las de sus amos. Y así nació el toreo.

Sí que hubo artistas que amaron los toros, y filósofos y pensadores. No me extraña, algunos convivieron con las hogueras de los herejes, la tortura era la práctica común de los interrogatorios y cuando el mundo comenzó a civilizarse no lo hizo sin pasar por algo tan sangriento como es la guillotina. Seguro que en algún tiempo, el toreo vivió acompañado de artistas, pero ya no, y hace mucho de eso. Los propios taurinos deberían reconocer que hace décadas que es un espectáculo, además de cruel, casposo y cañí; que no tiene filósofos sino carne de telebasura, es rancio y cutre. Tiene los días contados porque ya no le gusta a la mayoría de la sociedad.

Soy partidario de prohibirlos donde no existe la más mínima tradición, como es el caso de Asturias, y de dejar que se extinga --sin ayudas públicas-- donde mucha gente viva de eso (y no pienso en los toreros, sino en aparceros y jornaleros que trabajan en las ganaderías), pero todo el movimiento pro taurino, cuando se lanza a una campaña de identificación de su fiesta con España está tirando piedras contra su propio tejado, y haciendo el ridículo.

Lo último es la petición de que se reconozcan las corridas como Bien Cultural por la Unesco. La caída de esa altura que se proponen puede ser de órdago. Y olviden lo del toro en las carreteras como símbolo patrio. La realidad, y vale más que se repasen el furor del Mundial de fútbol es otra:

La teoría del vampiro


La teoría del capitalismo dice que funciona más eficazmente que cualquier otro modelo económico porque premia con más dinero a los que hacen las cosas bien y castiga con la ruina a los que fracasan. Además esto lo logra automáticamente gracias a la ley de la oferta y la demanda que se mueve como una mano invisible en los mercados. De esta fantástica premisa, tan apta para el mundo adulto como guardar bajo la almohada cada diente que se caiga a la espera de un mágico regalo del Ratoncito Pérez, se derivan la mayoría de las políticas sociales que ahora vamos a padecer, como la próxima reforma laboral. La teoría sostiene que el mercado de trabajo español es rígido y hace falta pagar menos por cada despido y que sea posible hacerlo por motivos más etéreos, como una previsión de pérdidas. Así, sostienen los teóricos, los trabajadores se pondrán las pilas y no vivirán amodorrados en ese país de Jauja donde las fuentes manan miel que es el paro.
Lo que pasa es que el mundo real no así, y tampoco funciona de ese modo la teoría. Tomemos como ejemplo el caso del ex consejero delegado de British Petroleum, Tony Hayward, que ha llevado a su compañía a unas enormes pérdidas, tantas que amenazan el sistema de pensiones británico y, además no ha hecho más que escaquearse del mayor vertido de crudo en la historia de EEUU. La teoría dice que Hayward debería estar ahora en la calle, sin esperanza de una carta de recomendación; pero lo cierto es que le han buscado empleo automático en una filial rusa de la compañía, se lleva un millón de euros de indemnización y, cuando cumpla 55 años cobrará una pensión anual de 775.000 euros. Menudo castigo para el fracaso, no cabe en mi imaginación de mortal cómo debe ser el premio del éxito. Porque de eso va este cuento que ya no tiene nada que ver con el mérito, ni con las clases. Esto ya son dos rígidos estamentos, uno para los mortales, y el otro para los vampiros.



No para cualquiera (02-09-10)

domingo, 1 de agosto de 2010

Por los cuernos






Para discutir la resolución del parlamento de Cataluña sobre la prohibición de las corridas de toros, cada cual ha lanzado un capote que cada uno embiste con gusto sin querer ver el estoque que se oculta detrás. Hay honrados defensores de los animales que han celebrado sinceramente la abolición de la muerte de los toros en la única plaza que quedaba en Barcelona; otros no, no han sido honrados ni sinceros. No lo han sido desde el momento en que pactaron una estrategia para terminar ahora con las corridas mientras se permiten los correbous que también son formas de tortura de los mismos animales aunque se trate de festejos (por llamarlos algo) que no terminen en muerte. Supongo que han calculado distintos grados de sufrimiento para hacer aceptable que el toro acabe arrojado al mar o con los ojos quemados por el fuego prendido en sus cuernos, que las banderillas y el picador.
Y esto sólo pensando en los promotores de la iniciativa. Que haya habido parlamentarios que entiendan una cosa como una bárbara costumbre foránea, pero la otra una cálida tradición del terruño, es una muestra de un cinismo y una hipocresía con muy pocos precedentes para comparar. Pero como aquí a la desvergüenza la miramos mal si camina sola, han acudido pronto en el PP para acompañarla recuperando los tópicos más casposos y cutres de sangre, arena y pasodoble como quintaesencia de la patria. Lo que nos faltaba era que volviera a defenderse esa idea repugnante de que sólo hay una forma de ser español, por el imperio hacia dios. Y todos debemos ser amantes del toreo; y por supuesto católicos, y --cómo no-- viscerales y apasionados, y flamencos, celosos, vagos y bajitos. A estas alturas. Muy contadas personas nos hablan estos días de toros, los demás disimulan desde el burladero, ya sea en el lado de sol, o el de la sombra de la plaza. No quieren, por supuesto, coger el toro por los cuernos.