martes, 4 de enero de 2011

Lo guapo que está Oviedo


Empezar el año oyendo a Álvarez-Cascos que Asturias es un país y que se dispone a devolver a sus habitantes el orgullo de serlo ha sido desternillante. Tan malos augurios daban para este 2011 y resulta que va a ser el año del humor y la comedia. Llevamos varios días haciendo análisis sobre los motivos y causas ocultas de esta carambola política que ha terminado con el que fuera uno de los pilares fundacionales del PP dándose de baja del partido de España-se-rompe para insinuar que va a formar un grupo más o menos nacionaliego; así tipo URAS; el hombre que prefería partido sin gobierno que gobierno sin partido; y dice que lo va a hacer por los miles que se han movilizado por él; vamos que por una clara demanda social. Es un remake, un remarqués; una parodia que repite algo que ni llegó a ser tragedia.

En todo esto han tenido que ver muchas cosas; luchas internas de poder en un PP nacional que ya está vendiendo la piel del oso antes de cazarlo, la incapacidad manifiesta de Rajoy para tomar decisiones hasta que se precipitan los acontecimientos; el temor de la dirección popular regional a una purga que Cascos no había ocultado que quería acometer con rigor estalinista; y desde luego, un choque de intereses inmobiliarios con Gabino de Lorenzo y sus planes de excavar el centro de Oviedo para hacer un megaparking y pagar así el pufo de Villa Magdalena. Todo eso, por supuesto; pero el principal culpable, el responsable directo de que todo haya terminado así no es otro que el votante medio conservador, los fidelísimos simpatizantes del PP que acuden como un reloj a la urna, impasible el ademán, hasta sumar los 10 millones de electores que tienen en España, sin merma ni crecimiento.

La izquierda mira al votante de derechas con una mezcla de envidia y de rencor, porque es inalterable en su apoyo en las urnas, absolutamente acrítico con el programa o el líder del partido. Resultan impermeables a escándalos y corrupciones; van a ir haga frío o calor; de hecho su éxito o su fracaso depende de la abstención del contrario. Desde que comenzó la crisis interna del PP asturiano, leer los comentarios en la prensa digital de sus militantes y simpatizantes mostraba un autorretrato muy revelador.

Para manifestar su descontento amenazaban con cambiar o anular su sufragio; pero no el suyo personal, no; el de toda la familia, desde el del paterfamilias al de la esposa y toda la prole mayor de 18 años.

Vitae necisque potestas ; hubo uno después de Nochebuena que llegó a amenazar con la suspensión de hasta 20 votos, tanto debieron sumar la progenie y los cuñados. Es, cuando menos, un peculiar concepto de la democracia, algo orgánica y vertical.

Total, que las personas que suelen llamar “un lío” a los procesos de primarias de otros partidos, comenzaron a reclamarlas para sí de un día para otro. De pronto, los mismos que han concedido al alcalde de Oviedo casi 20 años de gobierno y cuatro mayorías absolutas -a pesar de escándalos, de la ruina de las arcas municipales, de todas las cacicadas- se preguntaban cómo habían llegado hasta aquí, ¿cómo podríamos explicárselo? Pues sí, De Lorenzo ha empujado al PP a la ruptura y la división, ha pasado caprichosamente de reclamar al “galáctico” Cascos a despreciar su sexagenaria edad, ha contribuido a un escándalo nacional para el PP, pero ¿y lo guapo que está Oviedo?



*La foto no es un montaje, es el anuncio del espectáculo con el que De Lorenzo quería cerrar su campaña electoral como candidato a diputado en las últimas generales. Ese es el nivel.

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