martes, 11 de enero de 2011

Los paisanos nihilistas


A las horas en que escribo esto aún no se sabe si Cascos fundará un nuevo partido. Tampoco lo tenía muy claro él la semana pasada, cuando en una entrevista vino a decir que no tenía por qué decantarse por un grupo político sino quizá por una Sociedad de Amigos del País “como Jovellanos”. ¡Ah!, incluso los hombres más duros, los que más fieramente se protegen de cualquier ataque, pueden sucumbir dócilmente a la erosión tenaz de los halagos. Tantos años con un coro de pelotas comiéndole la oreja con que él era la reencarnación del ilustrado y, al final, el pobre se lo ha creído. Lo gracioso es que muchos de los que con más vigor contribuyeron a extender el mito del nuevo Jovellanos se dedican ahora con más esmero a destruirlo, tanto vestir el santo para ahora desnudarlo a toda prisa, esos que cuando Cascos dijo que volvía a navegar se encontraron con que era poco marinero, que ellos ya tenían un patrón al mando en el Ayuntamiento de Oviedo. Por cierto, antes que Jovellanos, hizo una Sociedad Económica de Amigos del País Campomanes, que también era asturiano, pero en Madrid; supongo que esto no interesa demasiado a los conversos.

Y, ¿qué proponen estos nuevos mejores amigos del país? De momento nada más que el hombre, un nombre, ninguna idea. “No hace falta un nuevo programa político ni nuevas ideas porque siempre hemos defendido lo mismo”, dijo Cascos el domingo en Laviana. Y en esto se aprecia, desde luego, una diferencia con Rajoy, cuyo ideario político se resumen en la defensa de “lo normal”. Vivimos una época de cambio mundial sin precedentes, en la que decisiones económicas que se toman a un océano de distancia influyen en los negocios de comercio que tenemos al lado de nuestra casa; en la que las sociedades mutan vertiginosamente su demografía; y en la que la educación y las nuevas tecnologías serán el único medio para que abandonemos un modelo de desarrollo obsoleto; y las propuestas conservadoras se reparten entre lo normal y lo mismo. Claro, también está el “orgullo de ser asturiano”, que es un orgullo bien bobo, porque ser tal cosa no tiene ningún mérito y es solo fruto del azar y la casualidad, lo mismo podemos reivindicar el orgullo de tener cinco dedos en cada mano cada uno con sus uñas, en vez de realzar al que hubiera aprendido con esfuerzo a hacer algo digno con ellos, como tocar un piano o poner tornillos con eficacia.

No sé a quién le parecerá nuevo algo tan viejo, que en tiempos de incertidumbre hace falta un líder fuerte, cirujano de hierro que se levante sobre valores identitarios. En Italia lo llamaron Duce, y lo fueron traduciendo luego en Alemania y España, no sé cómo lo harán al asturiano porque definitivamente Cascos ya ha dicho que del “bable” no está muy orgulloso, no lo suficiente como para hacerlo oficial.

Resulta triste que haya gente que ceda ya a cualquier pretensión de pensamiento singular para abrazar la figura del salvador providencial que todo lo areglará con su patriarcal presencia y lo demuestra el nihilismo de sus mensajes. Así antes de pasar a la acción, estos conservadores tomaron como lema un pedimos la palabra en remedo de Blas de Otero y con la misma pachorra criticaban que se hiciera a Carrillo hijo predilecto de Gijón a la vez que para reivindicar a su candidato recuperaban el No Pasarán de La Pasionaria. Será que, más que país, lo que hace falta son paisanos.


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