martes, 18 de enero de 2011

Pensiones y magnetismo


Esta semana se entrará en una nueva ronda de negociaciones sobre el sistema de pensiones que tiene, haya acuerdo o no, un plazo fijado para el 28 de enero. Ese día se aprobará la reforma que incluirá la extensión de la edad de jubilación a los 67 años porque ya lo ha marcado el Gobierno como objetivo final; fruto del acuerdo serán los matices de si se extiende tal edad a todas las profesiones, el cálculo de los años de cotización e incluso si el retiro puede llegar antes con un número suficiente de años cotizados. Va a ser así porque se trata de dar “confianza” al mercado, como en el caso de la reforma laboral; porque sabemos que es un dios que puede apretar y ahogar también. Así que los 67 años son un destino ineludible contra el que no cabe oposición y del que no se puede escapar.

Nietzsche dijo “así decía el hierro al imán: te odio porque me atraes sin que poseas fuerza suficiente para unirme a ti”, y algo así pasa con todas estas reformas que tenemos que asumir como imprescindibles, son un trago muy duro, que nos pueden explicar con más o menos argumentos, pero siempre nos queda la sensación de que hay algo que no cuadra y en el fondo no se sostiene. Una de las otras reformas que tenemos que cerrar sin demora es las de las cajas de ahorro; parte de sus fusiones y reconversiones en bancos ya están emprendidas y con ellas van incluidas prejubilaciones que se cuentan por millares y que van a mandar a casa a empleados de 55 años, eso son 12 por debajo de lo que para la otra reforma se nos indica que es una línea de no retorno. Es como si quisieran pegar dos polos de imán del mismo signo, lo que es imposible. No les extrañe que a la mayoría de la gente no les resulte convincente la urgencia de estas medidas porque, por decirlo suavemente, se plantean con muy poco magnetismo.

Otra cuestión es cómo seremos capaces de cotizar los 35 años que se suponen para llegar a la pensión completa, y aún más en el caso de hacerlo a los 65 años. Y no se trata tanto de una cuestión de esperanza de vida, sino de que la realidad es que buena parte de que quienes están trabajando en la actualidad no están cotizando nada de nada. Y aquí llegamos al meollo de este asunto, el verdadero problema de la economía española, que a los mercados, como es natural, le importa un pimiento mientras puedan asegurarse el pago de la deuda. Y es que no se acaban de tomar medidas contra la economía sumergida, el mercado negro al que le es indiferente que se regulen nuevas modalidades de contrato porque no tiene contratado a nadie, que no le importa que se abarate el despido porque no paga indemnización alguna por mandar a la calle a empleados que no reconoce y al que lo mismo le da que suba o baje el IVA porque jamás emite facturas.

Todo eso es, según cifras oficiales, hasta la cuarta parte de nuestro Producto Interior Bruto. Un 25% de la riqueza del país que se escapa por las alcantarillas y que, con toda probabilidad, para gran parte del 20% de parados que tenemos supone el pan nuestro de cada día. A costa eso sí, de que tengamos menos servicios públicos y empobrecimiento generalizado del patrimonio común. Tomar medidas contra este problema no sólo es una cuestión de justicia imprescindible sino que va a ser lo único eficaz para que salgamos adelante. Digan lo que digan los imanes, no los magnéticos, los fundamentalistas del mercado.



*La foto: Putos imanes ¿cómo funcionan? Un meme que siempre me ha hecho mucha gracia.

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