viernes, 21 de enero de 2011

Perverso y normal


Llevo unos días dándole vueltas a la polémica por el falso esclavo que llegó a Sálvame y resultó ser un maltratador. Eso dijo; y parece ser que las pertinaces asociaciones de telespectadores y de mujeres en general se lo han creído; se lo toman muy en serio y están dispuestas a plantear todo tipo de denuncias para evitar que algo así vuelva a ocurrir.

La verdad, yo no, no me lo creo. De una historia que surge en un programa de marcado amarillismo, en la que acaba revelándose que todo era un montaje porque ninguno de los esclavos reales de la entrevistada quería acudir al programa no puede sacarse nada en limpio. Los responsables de organismos de lucha contra la violencia de género han mostrado escándalo por el enmascarado y, a la vez, alabanza porque se le expulsara rápidamente del plató, entre silbidos del público. Me pregunto cuántos de ellos se reían a carcajadas hace sólo 20 años con esto:




Que no, que no me lo creo, ni lo del maltratador ni nada. Sí me parece una buena ocasión para poner de relieve el tono paródico, de burla constante con el que se trata en televisión de forma constante una parafilia tan sana como el BDSM. Ya sea en programas amarillos, o en documentales de cámara al hombro, siempre se retrata una actividad sórdida, llena de latex y cadenas. Comprendo que las máscaras sean obligadas dado que los protagonistas reales suelen preferirir mantener el anonimato, pero todo se retrata con tópicos. Al igual que no hace mucho, todo lo que hablara de homosexualidad se limitaba o bien a hombres afeminados y febles, o los correajes musculados de Tom in Finland. El riquísimo universo de la sexualidad humana, especialmente el de occidente, que es ya casi todo cultura, que tiene fetiches a los que seguir la pista durante siglos y en los que sus variaciones acompañan a mutaciones artísticas y revoluciones sociales, siempre se aborda desde el prejuicio y la estrechez de miras de lo que es aceptable y normal.

¿Y qué es lo normal? No lo tengo nada claro, sí lo que no lo es en absoluto a la hora de tratar el sexo: el dogma. Lo que hagan dos (o tres, o más; claro) adultos de forma consensuada para apagar la lujuria no puede estar mal nunca; aunque a la mayoría le resulte extraño. Tratar de justificar, ocultar, ser cómplice o restar importancia a los abusos a menores sí que es muy grave.

¿Qué pasa por la cabeza de esa gente que califica a una pareja homosexual adulta de "peligro para la familia", pero echa balones fuera a la hora de tratar con sacerdotes pedófilos? ¿De verdad no es mucho más perverso el que viste una holgada sotana que un ajustado latex?

Cerremos con Paradise Circus, de Massive Attack, preciosa canción, con un maravilloso vídeo que no verás en Youtube --(corrijo: bueno, de momento, sí) Y edito una vez más, ya no se puede ver-- . Allí, donde podrás encontrar peleas, vejaciones de compañeros de colegio, barrabasadas en la carretera, esto no. Tiene porno.

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