sábado, 8 de enero de 2011

Porca TDT


A la pregunta de: ¿Qué tal llevas la TDT?; los lectores de este blog han respondido:


--Genial, me ha abierto una ventana de opciones: 4 (3%)

--Ahora veo mierda en 35 canales: 55 (50%)

--Hay cosas chulas, pero mucha basura, demasiada: 24 (22%)

--¿Lo qué? Yo sólo uso internet: 25 (23%)


Bueno, está claro, la TDT no ha triunfado como debiera. No sé si será una cuestión de la concesión de canales, o de que conceda a quien se conceda, el nivel de los actuales amos de la televisión es tan bajo que no saben hacer más que mierda, ya sea analógica o digital. El caso es que la televisión es un medio como cualquier otro, y con él se pueden hacer auténticas joyas, algunas maravillosas que no cabrían en el cine, o en la literaturas, pero por lo visto a esta gente no se les ocurren. De ahí probáblemente que la segunda opción más votada sea la de los desertores de la caja tonta (entre los que, cada vez con más frecuencia, me incluyo). Dado que la televisión nacional se resiste a evolucionar las nuevas generaciones y las no tan jóvenes se pasan a internet, el primer medio en el que cada receptor es, si quiere, también emisor. Donde tu eliges cómo y cuándo. Muchas de sus ventajas han sido creadas por los propios usuarios y han dejado atrás a una industria anquilosada que se porta como el perro del hortelano, porque podría usar esas ventajas pero prefiere destruirlas, no participar de ellas. Mucho de esto está relacionado con la dichosa Ley Sinde.

Este no es un artículo sobre las audiancias de la TDT, pero vamos a mencionar dos asuntos destacados del año pasado. Sí hay que ha encontrado qué mirar y quien ha destacado que urgando un poco se encuentran cosas buenas entre el basurero. Claro que sí, no me extraña que el rey de la TDT española sea Bob Esponja. Sin duda, una de las ventajas de la TDT actual es la programación infantil, un asunto que las televisiones privadas comenzaron ha abandonar a mediados de los 90 haciéndonos sentir carrozas y puretas a los que merendábamos viendo Barrio Sésamo con Espinete. Bienvenido sea que los peques hayan puesto su pica en un Flandes de audiencia que les habían querido robar alimañas del cotilleo.

El otro asunto es el cierre de CNN+. Yo era de los que de verdad veía ese canal muchas horas; primero por mi trabajo. Nada mejor en una redacción que tener un canal de noticias 24 horas porque resulta muy útil para comparecencias en directo, catástrofes y retransmisiones de plenos que al común de los mortales les aburren pero que otros se lo vamos a desmenuzar después si nos dejan verlo entero. Además, veía cada noche que me era posible el programa Hoy de Iñaki Gabilondo; era el único informativo al que llegaba con la prole ya dormida; tenía (gracias al prestigio del conductor) las mejores y más pertinentes entrevistas; y el debate solía ser muy entretenido, unas veces más o menos, pero era interesante.

Hay una cierta tendencia ideológica, bastante amplia, desde la izquierda tradicional al centro auténtico (no a la carcundia que le da vergüenza reconocerse facha y se dice de centro) que se va quedando huérfana de televisión, mientras que en el lado opuesto triunfa un modelo de televisión vociferante y ultra sin problemas. No es un fenómeno español sino mundial (porque si aquí hay Intereconomía, en EEUU está Fox News) y que es más bien un síntoma de dos formas de ver la vida. Hay un determinado grupo de gente que ya no quiere información, sino que se le confirmen y le jaleen sus propias opiniones y sus prejucios; eso sí con la apariencia de periodismo, porque a veces hay que engañarse a uno mismo. Es algo propio del carácter conservador y del autoritarismo, opciones políticas, además, que siempre encontrarán apoyo financiero porque a quien le corresponda sí le que es rentable perder algo de dinero con eso.

Un proyecto semejante para la audiancia progre (vamos a decir), no funcionaría porque no ve la vida igual. No digo que no se engañen a sí mismos con muchas cosas, claro; pero no pasarían por ese aro con buena cara, preferirían algo menos burdo, o al menos con esa apariencia, algo más alternativo, o al menos con esa apariencia. Pero por encima de todo, no hay nadie con dinero a quien le interese perder dinero con eso; y es lógico ¿no?

Debería serlo al menos.

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