martes, 8 de febrero de 2011

El negro nos gusta más


Creo que no se había escuchado tanto la frase “es necesario hacer sacrificios” en boca de nuestros principales líderes políticos desde la época en la que mayas y aztecas arrancaban el corazón a sus cautivos de guerra en las pirámides que levantaban en honor a sus oscuros y sanguinarios dioses. Ahora es por la crisis económica pero, como entonces, siempre hay quien sólo se ofrece para empuñar y afilar los puñales y quien tiene que tenderse boca arriba a pecho descubierto dispuesto a ceder todas las vísceras.

España ha culminado, o está lista para cerrar, las principales reformas que exigían los oscuros y sanguinarios dioses de esta estafa piramidal en que se ha convertido el capitalismo de mercado: una reforma laboral que abarata el despido, una larga extensión de la jubilación y la conversión de las cajas de ahorros en bancos. Con todo listo la semana pasada, se lo presentamos a Merkel como suma sacerdotisa, una ménade de la destrucción del Estado de Bienestar que asintió satisfecha. Antes de volver a Berlín aún tuvo tiempo de hacer un par de sugerencias, entre ellas, que se revise eso de que la subida de salarios varíe en función de los precios y que sería oportuno ligarlo mejor a la productividad.

En las reacciones que siguieron a esa propuesta y en unas palabras del presidente de la patronal de las pequeñas y medianas empresas en la presentación del acuerdo sobre las pensiones están las claves para entender por qué todas estas reformas se han quedado cojas y por qué la economía española va a tardar tanto en recuperarse.

Con sonrisa de anfitrión que espera ya que un huesped plomo coja la puerta, el gobierno y los sindicatos le dijeron a Merkel que no, que lo de los salarios mejor dejarlo como está. La sorpresa es que la patronal también se sumó a la negativa, ¿por qué?, ¿por qué los empresarios españoles se resistirían a este cambio? Quizá porque en algunos casos saldrían ganando pero en muchos más, en empresas que llevan acumulando beneficios una larga década no compensaría terminar de pronto con ese jugoso ejército de mileuristas que con su precariedad han hecho de oro a nuestros cuatro magnates.Merkel abrió la mano a que trajadores altamente formados vayan a ofrecer su talento en Alemania ya que aquí no los quieren.

Eso, sumado a que tenemos una tasa de paro juvenil de más del 40% que es estructural, representa que somos un país fracasado, y es un fiasco de tales dimensiones que la culpa se extiende mucho más allá de los gobiernos, nos habla de una clase empresarial que no es emprendedora sino que anhela el pelotazo, no encuentra qué hacer con obreros cualificados ni científicos doctores porque esos solo dan beneficio a largo plazo y el patrón español quiere contar los millones ya mañana o pasado mañana, a ser posible en efectivo y en billetes de 500. El presidente de Cepyme, Jesús Terciado, explicó que en su caso (ese sector donde los asalariados declaran más que sus empresarios) la palabra ERE le suena “a música celestial”. Y eso es, la patronal de España --donde el 20% del PIB se mueve en la economía sumergida-- sigue viendo el despido como el único medio de limitar gastos, nada de invertir, nada de innovar.

Si aquí se pagaran salarios por productividad las empresas declarían pérdidas al fisco, para seguir moviéndose donde más les gusta, donde ya solo saben, en el mercado negro.

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