martes, 1 de febrero de 2011

La ley Sinde como síntoma


Que se haya aprobado la Ley Sinde es una mala noticia para internet, porque se abre la posibilidad de cerrar páginas web sin suficientes garantías jurídicas; y también para la creación artística, porque lejos de defender los derechos de los autores, lo que se consolida son los privilegios de un oligopolio industrial al que los artistas seguirán esclavizados unas décadas más; y de buena gana, por lo visto.

Pero es también una espléndida metáfora de la crisis económica y de su influencia en la nueva sociedad que está creando su mezquindad.

La industria cultural española tiene problemas con la red, no se adapta, llega tarde, la ve con temor y con prejuicios. Su solución, en consonacia con las presiones de la industria norteamericana a través de su embajador que reveló Wikileaks , es la represión y la creación de tribunales gremiales que puedan saltarse las sentencias de los jueces que, hasta ahora, no les habían dado la razón. Su negocio va mal porque no lo gestionan bien pero creen que apretando las tuercas a los usuarios podrán salvar un mueble o dos.

Es lo mismo que ocurre en la economía en general; la voracidad financiera trajo un colapso global, pero los tiburones lograron arreglarse tan bien que, de momento, todas las medidas contra la recesión se han concentrado en reprimir a la población trabajadora; despido más barato, jubilación más lejana y contención de salarios.

Los problemas reales de la economía siguen sin abordarse y cuando, como en Davos este fin de semana, se sugiere timidísimamente que será necesario regular algo mejor al sector financiero y poner coto a la especulación con los alimentos, los bancos exhiben de inmediato su enfado y sus largos dientes, para que no quepan dudas de que son para comernos mejor.

Los problemas de la economía continuarán porque los causantes de esos problemas siguen impunes y no parece que exista ningún líder político capaz de plantarles cara. Dentro de poco se verá que la industria cultural española sigue estrellándose en la taquilla a pesar de su mala ley y tampoco entonces querrán replantearse si no convendría más cambiar la forma de hacer las cosas, no. El siguiente objetivo será cortar la conexión de internet a los usuarios. Tantos cantautores que de mocitos cantaron a la libertad y hoy, ya senectos, comparten anhelos con Hosni Mubarak.

Con la máxima normalidad se ha ido aceptando que los intereses de la industria cultural se identifiquen con los de la cultura; tragamos todos los días con que tal o cual reforma que va a afectar a nuestras vidas se tiene que hacer “para tranquilizar a los mercados” y no por ningún otro argumento de lógica económica o social.

A tanto llegamos que, la semana pasada, el Consejo General del Poder Judicial ha planteado una reforma para imponer tasas en los recursos que se planteen ante el Tribunal Supremo, dicen que es para “agilizar” la Justicia pero, en la práctica, supone que solo quien tenga dinero podrá plantear recursos más allá de la Audiencia Provincial.

Me dirán que, al fin y al cabo, la justicia siempre ha tratado de forma distinta a los pobres robagallinas que a los pudientes estafadores cuyos crímenes siempre prescriben, pero se van quitando la careta. Así, no me extraña que tanta gente vaya optando por ponerse una, la de Guy Fakes de V de Vendetta.


4 comentarios:

Small Blue Thing dijo...

Yo iría incluso un poco más allá. En realidad, el Sinde-gate lo veo como una lucha a bastonazos entre dos Gilitos, dos industrias, dos mandamases; pensando en cómo nos van a dar por saco a todos los de abajo.

Churro dijo...

Justo ahora leía un artículo interesante... Siete opiniones muy diferentes sobre la Ley Sinde

Evitadinamita dijo...

Qué bueno, Maese Lordo. Me lo llevo al caralibro.

Lordo dijo...

Small, tienes mucha razón. Churro, gracias por el enlace, Evita eres un sol.