miércoles, 16 de febrero de 2011

La tacones


La gresca hoy está entre Javier Cercas y Arcadi Espada. El primero defendió la, en su opinión, lícita introducción de la fantasía en un relato periodístico, el segundo le respondió escribiendo una artículo en el que aseguraba que al escritor le habían detenido en una redada contra la prostitución. Todo nace de un artículo contra la ley antitabaco de Manuel Rico en el que, pese a ser un fumador contumaz, concluía --para dar fuerza a sus argumentos-- que nunca había dado una calada. Todos los enlaces están en la nota de hoy en El País.

Vamos por orden cronológico. El artículo de Rico estuvo mal. Y suenan a mala excusa sus argumentos de que se trataba de una licencia poética, un recurso retórico, que, de ser así, resulta contraproducente. Si, para defender los derechos de los asalariados, escribiera yo "y conste que he sido autónomo toda mi vida"; trato de apoyarme en el valor de una supuesta imparcialidad en mis consideraciones que, a poco que se investigue, se verá que es falsa y, por tanto, me acusarán con razón de parcial.

Cercas, que es un buen escritor y que ha escrito tomos notables en los que difumina la frontera entre la novela y el ensayo, trata de defender que lo mismo se puede hacer en un periódico. Y no es así. Si el periodismo español fuera una especie de icono global de la veracidad, y el contraste de las fuentes, todavía tendría gracia como provocación, como una sacudida del canon establecido. Pero, precisamente, es lo contrario. Insistir en incrustar la ficción entre la realidad en nuestra prensa es como tirar un vaso de agua a un río. Es que es lo que pasa todos los días, sin apenas disimulo.

Arcadi Espada es un hombre desmedido; lanza un órdago a la grande y para advertirnos de que es la tacones quien quiere hablarnos de putas, directamente recurre a los burdeles. Él, que mientras desayuna nos comenta las minucias de El Mundo, los diferentes criterios de enfoque de una fotografía de Javier Bauluz o que Ignacio Ramonet copia y pega de discursos de Fidel Castro, calla sobre el mayor montaje de todos del periodismo español contemporáneo, el del 11M de su periódico. No hay debate aquí de deontología periodística; es una querella de divas sobre cuál lleva los tacones más altos.

Los que vamos a ras del suelo, con la suela muy llana, nos quedamos mirando, mientras que hace cuatro días, por una broma evidente en un medio ajeno al del periódico, se purgó a Nacho Vigalondo. Hay que joderse.

1 comentario:

José Ignacio dijo...

Muy cierto. Es como en cualquier empresa, si las bromas las hace el jefe todos se ríen, pero si las haces tú eres un maleducado.