miércoles, 2 de marzo de 2011

Azafatas, enfermeras, criadas

Azafatas, enfermeras, criadas, en todos los casos nos hemos encontrado alguna polémica por la indumentaria que pueda llegar a imponer la empresa. Cuando alguien confunde un fetiche con una oferta de empleo puedan pasar estas cosas; en la mayoría de las ocasiones se centra el debate en una cuestión sexual, a menudo con bastante hipocresía, de lo que se trata más bien es de respeto al trabajo, y sobre todo, al trabajador.



La última ha sido Air Nostrum, donde el sindicato CCOO ha denunciado que la compañía impone la falda a sus azafatas y les niega el pantalón; pero además, se la recorta unos centímetros para que luzcan más pierna en los pasillos.




Tiene mala solución este asunto, hay precedentes. En Andalucía los tribunales dieron la razón a una clínica que imponía la falda a sus enfermeras. Como entonces, con enfermeras y azafatas, creo que se trata de un abuso. Son profesionales que ofrecen una atención muy importante; en el caso de la clínica, son personas que cuidan de nuestra salud; en el avión trabajan para velar por la seguridad de los pasajeros, además de que tengan un vuelo confortable. Al menos yo entiendo que ese es su trabajo, quizá las empresas piensan que es lucir ante todo.




¿Y qué pasa cuando el trabajo es precisamente ese, lucir ante todo? También hay protestas, en este caso, en mi opinión, equivocadas. Ha pasado en Francia donde la empresa Sensual Clean Service, que ofrece hermosas muchachas que limpian la casa en ropa interior, ha levantando la protesta de alcaldes y feministas a las que les parece degradante. ¿Lo es? No lo tengo muy claro; parece cierto que quien contrata estos servicios no espera que le dejen el salón como una patena, ni que la vajilla reluzca, sino disfrutar de un espectáculo voyeur con una fantasía tan extendida como la frenchmaid, la criada francesa, Oh la la!

¿Quieren saber lo que es un trato denigrante para los empleados de hogar? Pues no se vayan a París, quédense en Madrid, donde una familia adinerada --con dos chalets en el centro de la ciudad-- obligaba a trabajar (sin contrato, por supuesto), a un boliviano 17 horas diarias, por 800 euros al mes. Dormía en un garaje, junto a las tuberías, y se alimentaba de las sobras de los señores. Nadie le hizo llevar cofia ni delantal; pero eso sí que es un abuso, eso es falta de respeto al trabajo. Y lo peor, es el pan nuestro de cada día, lo mismo para hombres que para mujeres, guapos y feos, y tiene muy poco que ver con el sexo, que cuando es algo pactado entre adultos no tiene nada de denigrante; trabajar en condiciones de semiesclavitud sí que lo es.

1 comentario:

Azul cielo dijo...

Actualmente todo vale...
Para lo bueno y obviamente también para lo malo...
Pasaba, buenas noches :)