martes, 29 de marzo de 2011

De lobbies


A un eurodiputado del PP, Pablo Zalba, le grabó el Sunday Times accediendo a las presiones e intentos de soborno de un supuesto lobby para retocar una directiva comunitaria. No es el primero al que caza el diario porque antes pilló a otros tres eurodiputados que sí se dejaron comprar y uno de ellos, el rumano Adrian Severin, se resiste a dimitir. Que el diario británico tenga un interés euroescéptico en este asunto es irrelevante; porque son los eurodiputados los que desacreditan a la institución comunitaria con su corrupción.

Que Pablo Zalba se defienda diciendo que lo que pasa es que la propuesta del falso lobby le pareció muy bien y coincidente con su criterio es patético y revela que toma a sus votantes por estúpidos, lo que quizá no es del todo falso dado lo flojo que es el electorado conservador español a la hora de castigar la corrupción.

Se trata en todo caso de una revelación de lo evidente, que nos muestra en vídeo cómo con demasiada frecuencia el poder político se rinde ante el económico para servir no los intereses comunes sino los particulares de los potentados.

Y es evidente porque así se ha escrito el desarrollo de la gran recesión que vivimos, en la que, por resumir, los especuladores se han salido con la suya, han cubierto sus pufos con dinero público, y con los estados doblegados por sus ataques financieros, se dedican ahora a dictar las recetas de recortes sociales que más les convienen.

No hay tanta diferencia entre lo que ha grabado el Sunday Times y las dos reuniones de Zapatero en La Moncloa con una cuarentena de los directivos de las principales empresas del país.

Al menos esas no se tienen que grabar con cámara oculta pero en esencia son lo mismo, asienten y dan su placet a reformas que mejoraran primero sus dividendos y, solo mucho después, servirán para crear empleo, si es mileurista mejor. La medida más relevante anunciada por el Gobierno, el plan para hacer emerger la economía sumergida --que es un 20% del PIB y podría suponer hasta 4 millones de empleos en negro--, tiene hasta un plazo con incentivos, que es algo inédito en la lucha contra la delincuencia, como si se dijera a los ladrones que tienen hasta diciembre para ir devolviendo lo robado, que en enero sí que los vamos a perseguir en serio.

A veces que a las empresas les vaya bien coincide con más bienestar social, pero sólo a veces, no siempre. Mientras decaía nuestra economía los beneficios de muchos de esos grandes empresarios no dejaron de crecer, entre ellos hay usureros, señores del hormigón que cubrieron de adoquines todas las playas del Mediterráneo y multinacionales textiles que deslocalizan su producción para irse a países donde no tienen problemas con el trabajo infantil. Algunos vacuos se lamentan de que haya pocas mujeres entre los directivos que fueron a La Moncloa, porque lo mismo que confunden las subidas de la bolsa con el desarrollo económico, se creen que la igualdad es que se sienten tantos pijos como pijas en los consejos de administración, y no que se respeten las bajas por maternidad.

No siempre, pero a veces, el bienestar social se logra a costa de las empresas, muy a su pesar, porque resta unas décimas a sus millonarios beneficios, porque marca límites para anteponer a las personas a sus desmedidos proyectos de enriquecimiento egoísta. No pasa siempre, pero este es uno de esos momentos.


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