martes, 8 de marzo de 2011

Los empresaurios


Tenía razón Zapatero cuando, en la campaña de las últimas elecciones generales, prometió que en esta legislatura alcanzaríamos el pleno empleo. Es un hecho, según las estadísticas del Inem o de la EPA el paro ronda los 4,3 o 4,7 millones de desempleos, mientras que el último informe de la fundación Funcas, la de las cajas de ahorro, calcula que la economía sumergida española es de tal calibre que la cifra de empleos que se oculta en el mercado negro es de 4 millones. Lo comido por lo servido. Claro, el fallo es que esta situación supone un robo; primero a las arcas del Estado, que no están recaudando los impuestos que debieran y así no puede mantener como nos merecemos pilares básicos de la sociedad del bienestar como la educación o la sanidad; es también un expolio al futuro de los trabajadores, que no están cotizando y se van a topar con enormes dificultades para lograr sumar los años necesarios para contar con una jubilación digna; y es también la generalización de la competencia desleal con los empresarios que sí cumplen la ley; y que se topan cada día con la impunidad de los estafadores. Pero lo curioso es que la patronal nunca se queja de esto cuando probablemente sea uno de los principales problemas de la economía.

Hemos pasado por aceptar que se abarate el despido sin que se haya creado más empleo; se ha pactado extender la edad de jubilación mientras las empresas buscan prejubilar a sus trabajadores más veteranos para colocar en sus puestos a mileuristas o becarios; y ahora quieren que se eliminen los convenios sectoriales o que se vincule el salario a la productividad; cuando resulta evidente que una cuarta parte de la economía del país se mueve en dobles libros de contabilidad y con billetes de 500 en efectivo que pasan de mano en mano. Tan normal le resulta a la patronal este patrón, que hizo falta año y medio de escándalos para que se decidiera a desprenderse de Gerardo Díaz Ferrán como presidente de la CEOE. Si les preguntan dicen que Díaz Ferrán tuvo “mala suerte” en sus negocios; mala suerte que le pillaran, parece que piensan sin decirlo.

Mientras tanto, en Alemania, allí de forma legal eso sí, se ha alcanzado el pleno empleo para licenciados y especialistas. Quizá es que los empresarios alemanes son más emprendedores y que apuestan más por la innovación; pero desde luego no son más listos que los españoles.

Aquí, el presidente de la patronal asturiana, Severino García Vigón, logró doblar el valor de una parcela en el polígono de Olloniego en solo siete meses. No creó ningún empleo, ni puso ningún producto en el mercado, pero dobló su beneficio en tiempo récord; esos son nuestros emprendedores, si los alemanes quieren contratar a nuestros ingenieros que se los lleven, la patronal española no los necesita para nada. Y así con la economía oficial estancanda; entre enormes recortes sociales, los ejecutivos de las empresas del Ibex-35 se reparten un sueldo medio de un millón de euros sin contar bonos y planes de pensiones astronómicos.

Desde el comienzo de la crisis, los empresarios españoles no han parado de repetir que ellos son parte de la solución; pero pasa el tiempo y todo se está reformando menos ellos, que empiezan a ser un problema. Los empresaurios , los llaman en internet; y cada vez es más obvio que resulta necesario que se extingan para poder seguir adelante.


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