martes, 12 de abril de 2011

Bohemios de telediario


Originalmente los provocadores son los bohemios; esos desclasados de la cultura del siglo XIX que a pesar de su formación cultivada (entonces algo solo para una élite) se revolvían contra los convencionalismos y buscaban remover conciencias espantando a los bienpensantes con el escándalo. Como casi todo lo que merecía la pena en materia cultural de ese siglo se hacía solo en París, hasta nosotros ha llegado todavía la expresión enfant terrible, para referirse al que pone el dedo en la llaga con mucho estruendo. Pero eso se ha tornado en parodia en el siglo XXI y ahora lo que se estila son los vociferantes ultras que tratan de convencernos de que son la vanguardia del pensamiento defendiendo las cuestiones más reaccionarias a gritos.

Pasó la semana pasada con el artículo de Salvador Sostres en El Mundo, que luego fue retirado de la edición digital, en el que venía a justificar, o a mostrarse comprensivo al menos, con el asesinato de una chica por su novio porque se había enterado de que estaba embarazada de otro. A Sostres le llovieron palos de muchas partes y se recordaron además otros de sus hitos pasados, mientras que rompían lanzas por él otros tantos de su cuerda para tener así un par de días de ruidoso crujir de la madera. Porque, al fin y al cabo (y soy consciente de caer en esa trampa) lo que buscan los nuevos bohemios de la carcunda es ver cada semana si logran un minuto de fama para sumar al final de sus días los 15 que prometiera Andy Warhol a cualquiera. Con la mayor naturalidad, el director del periódico, que fue quien retiró el artículo y nadie más, trató de abrir un debate sobre las limitaciones de la libertad de expresión y ¡hala!, a hacer caja que es de lo que se trata. Más márketing y publicidad gratis a costa de los macarras, dinero contante y sonante, ya ves tu a qué se reduce el propósito final de estos heterodoxos tan mundanos.

A veces los niños terribles de esa rebeldía, pero dentro de un orden de toda la vida y de buena familia, no acaban bien, sobre todo si llegan a los tribunales y entonces se retractan. Le pasó a Fernando Sánchez Dragó cuando le pillaron contando en un libro que no había leído nadie hasta el momento que se había trajinado a dos japonesas de 13 años y cuando llegó la hora de rendir cuentas por ese fornicio dio tres pasos atrás explicando que era todo invención literaria, una hipérbole tokiota, todo fantasías, musas nada más. Y es que estos outsiders que tanto vacilan de amor por la intemperie le tienen un temor reverencial a las puñetas de un magistrado que pueda hacerles cambiar el sofá de un chalet en las afueras por el austero banco de una celda.

El más logrado, pese a todo, no escribe artículos incendiarios sino que se presenta a las elecciones en Asturias. Cascos, que presume de haber sido un actor incuestionable de la conformación actual del terruño nos explica que, en todo caso, él no tiene nada que ver con lo que pasa por aquí; reivindica como propios todos los éxitos pasados como ministro conservador y, a la par, pretende ser un candidato renovador, creado ex nihilo, virgen en estos lances de la politiquería. Esta dualidad ha hecho posible que primero acuse a unos policías de formar una camarilla para fabricar pruebas en el caso Gürtel, para después negarlo todo ante el juez y, un día más tarde, insistir de nuevo en la misma trama, a ver si en Pravia no me ven. Se quejó, claro, de que le sacaron en el telediario, pero es que esa debe de ser la meta.

No hay comentarios: