martes, 26 de abril de 2011

El populismo que acecha


A veces, los monstruos más terribles no llegan con estrépito sino con sigilo, poco a poco; y sin darnos cuenta, de repente, allí donde habíamos decidido vivir nos rodea ahora un entorno monstruoso. Ocurre eso en Europa con el auge de los partidos populistas, de los grupos de extrema derecha que ganan cuotas electorales antes impensables ante el descrédito de los partidos tradicionales que parecen incapaces de plantar cara a la crisis. Ha ocurrido en Escandinavia, con el espectacular resultado de los Verdaderos Filandeses (¿cuáles serán los falsos? da miedo preguntarlo); pero también crecen las expectativas del Frente Nacional en Francia; hay grupos flamencos muy poco recomendables en Bélgica y en Italia la policía hace registros de gitanos rumanos. En España parece que no, porque el voto más ultra se suma al del partido que se toma por centro-derecha, pero por eso mismo, de vez en cuando tiene que hacer guiños como videojuegos en los que se dispara a emigrantes que aterrizan en paracaídas o proponer “contratos de integración” para los foráneos como si no hubiera una ley que todos debemos cumplir por igual. En Asturias ya veremos.

Paradójicamente, lo más probable es que Alemania sea uno de los pocos lugares donde estén de verdad vacunados contra el resurgir de los racistas porque la desnazificación se tomó muy en serio. No ocurre así en el resto, donde cada cual ha pretendido olvidar que siempre hubo colaboradores de los fascistas allí donde llegaban las tropas de la Wehrmacht; en Francia corrieron un tupido velo sobre Vichy y dijeron que todos fueron de la Resistencia. En España nos llevamos la palma porque todavía hoy, en el año 2011, quien se arriesgue a llevar a los tribunales los crímenes de la Guerra Civil se arriesga a salir juzgado por denuncias de la propia Falange. Europa no ha purgado de verdad su fantasma xenófobo que siempre acecha esperando un tiempo de mala racha y descontento, del que se alimenta. Y siempre volverá mientras haya quien crea que puede jugar con ese fuego.

Lo cierto es que cuando empezó la crisis se rescató sin penitencia a los especuladores que la habían provocado; y después esos mismos sátrapas de las finanzas se han dedicado a acosar a los estados para sacar aún más a costa de salarios y pensiones. Han podido hacerlo porque la izquierda tradicional tiene un programa elaborado en los tiempos del Estado-Nación totalmente obsoleto porque la economía está totalmente globalizada y no cuenta con instrumentos para controlarla; y también porque ha sido ñoña con unos financieros que parecían perros dóciles y resultaron ser lobos que ahora muerden. No quiso señalar a los verdaderos culpables de esta ruina y ahora tiene que pagarla ella. La derecha sí encontró desde muy pronto a un chivo expiatorio para la crisis: los inmigrantes; esos extraños que después de trabajar en la catacumbas de la época de bonanza siguen aquí sin haberse ido; y además con su mensaje de cada nación fuerte en Europa, debilita la unión que sería lo único de verdad eficaz. Que Francia suspendiera temporalmente el espacio Schengen para impedir la llegada de inmigrantes desde Italia por tren es un buen ejemplo esta política del sálvese quien pueda. Como cuando Alemania juega a los rumores sobre las economías periféricas para hacer de sus bonos de deuda un valor refugio. Pero por separado, los mercados podrán cazarnos uno por uno, y juntos no.


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