viernes, 22 de abril de 2011

Otros peplum

Cualquiera que ponga la televisión comercial estos días se topará con los clásicos de esta temporada: Ben Hur, La túnica sagrada, Los diez mandamientos, Rey de reyes, e, incluso y nunca he podido saber muy bien por qué, Espartaco, la de Kubrick.

Son los días en los que incluso Canal+ no emite su tradicional película porno de los viernes, una rendición programática a los dogmas de la fe católica que solo se pueden entender en un país como España, que es aconfensional, pero como Dios manda.

El peplum sacro reina en estas festividades catódicas; aunque le pille el asunto de refilón, como Espartaco. Para compensar, me gustaría proponer que se añadieran a la parrilla unas cuantas películas más de temporada.




Agora, la primera incursión en el cine histórico de Alejandro Amenabar. No se trata de una joya del séptimo arte, pero tiene la virtud de ser un peplum antisacro, una de los primeros filmes que yo recuerde en que se aborda sin beatería el papel de los primeros cristianos en el final del mundo clásico. No es que tenga una gran rigor histórico en el retrato de Hypatia de Alejandría; pero sí muestra como una nueva concepción cosmológica monoteísta terminó con un mundo en el que comenzaba a asomarse el pensamiento racional como método de conocimiento. Llegó la Edad Media, que es como su propio nombre indica, un paréntesis teocéntrico entre la filosofía grecorromana y el Renacimiento que alumbrará a la Ilustración.





La última tentación de Cristo, de Scorsese. Esta sí es una buena película, con un argumento original y buenas interpretaciones. Sorprende que los católicos se escandalizaran tanto por una historia que, en el fondo, muestra un profundo respeto por el relato de la pasión de Cristo, y se atreve con un juego especulativo que, en todo caso, muestra muy bien cuánto le debe la religión cristiana a San Pablo, gran propagandista al que le importaba un bledo todo lo que tuviera que ver con Jesucristo si no servía a lo que él quería predicar.





La vida de Brian. Estamos ante un clásico, pero con mayúsculas, del cine humor. Una película enorme, con algunos de los gags más memorables que, aunque veamos una y otra vez, nos siguen haciendo reir. La cuestión es que no se trata solo de que sea una película que no envejece, sino que nos da la terrible sensación de que nos ha adelantado por detrás. Tal y como están las cosas, resulta irreverente hasta para nuestros días y parece que si hoy los Monthy Phyton trataran de hacer algo así quizá no les dejarían o que intentarían que no llegara a las salas de cine.


Dejo fuera, o un epílogo final, dos más: La Pasión de Mel Gibson, una gran película de terror gore, que refleja muy bien esa visión del crsitianismo que triunfa en España y que criticó Machado cuando decía eso de "no eres tu mi cantar, no puedo cantar ni quiero a ese Jesús del madero sino al que anduvo en la mar"; seguro que no la ponían en horario infantil, aunque haya niños viendo a encapuchados con cadenas en los pies llenos de llagas y azotándose la espalda hasta sangrar. Y Dogma de Kevin Smith, que tiene su gracia, pero no es un peplum.

2 comentarios:

Small Blue Thing dijo...

Pero no comentes dos truños, hombre: tienes Roma, tienes Spartacus que es una risa, tienes El Evangelio de Mateo en plan cine de autor... Será por títulos.

Lordo dijo...

Ya, pero Roma y Spartacus son series; y el Evangelio de Pasolini es demasiado buena para el común de los creyentes ibéricos, les parecería hereje y todo