domingo, 3 de abril de 2011

Todos los nombres de ZP


Resulta paradigmático que el día en el que anunció que no volvería a repetir como candidato en las elecciones generales, a Zapatero le aguardara en las inmediaciones de Ferraz una protesta con todo el folcklore carca-nacional; mucha bandera rojigualda, atuendo pijo y lemas de antaño, "Rubalcaba al paredón". Ya lo decía Soraya Sainz de Santa María; ante el debate sucesorio y dado que el vicepresidente suena fuerte como candidato, para el PP Rubalcaba es "un dos por uno".

Tiempo habrá para hacer un balance justo de la gestión de Zapatero como presidente del Gobierno; primero porque todavía le queda un año por delante; y, además, porque hay cosas que solo se pueden ver con perspectiva. Algunos creen que acabará santificado como Suárez; no lo sé, sí pienso que el martirio mediático de ambos presidentes ha sido semejante.

Uno de los dichos más recitados de Churchill es el de que los enemigos están en el propio partido, y que en la oposición sólo se encuentran los adversarios. Me temo que en este caso no ha sido así. La representación que sus oponentes han hecho de Zapatero ha sido desmedida y rozando la parodia hasta la llegada de la crisis. Pocos presidentes han contado en las librerías con tantos libros editados para descalificarle desde la primera legislatura. Antes que nada fue Bambi, el líder del talante que llegaba con la mano tendida y pactos de estado en materia de terrorismo de los que se burlaban en frente. ZP ganó tres días después del 11M, es cierto; pero porque el PP rozó la sedición a la hora de explicar la verdad del atentado por un puro y equivocado interés electoral.

De ahí pasó de ser el tierno cervatillo a poco menos que un quintacomunista del terrorismo con plaza en la Moncloa. Fue zETAp en las pancartas de los ultras más exaltados; también un peligroso masón; también el anticristo, un traidor, un destructor de la familia tradicional; y cuando convenía, un vendido (ahora sí) al integrismo islámico que bajo la Alianza de las Civilizaciones ocultaba sus aviesos planes para entregar Ceuta y Melilla a Marruecos (con photoshop incluído) o quizá Navarra a ETA, siempre ETA, hasta hoy.

No cuajó nada de eso, porque quienes le llamaban "presidente por accidente" se toparon con que volvió a ganar unas elecciones y ni siquiera la nueva evolución de los juegos de palabras con ZP; esta vez era, ZParo; lograron hacer mucha mella al inicio de la crisis.

Después sí; después de probar con las confabulaciones de los iluminati y los masones; de la conspiración terrorista, de los planes para volver a todo el mundo homosexual, por fin pincharon en hueso; algo real a lo que agarrarse, algo crudo como es el tremendo paro de España y una recesión que no remonta. Comenzaron ahí a crecer las expectativas de la oposición; pero el verdadero golpe no vendría hasta que Zapatero abandonó el proyecto más o menos keynesiano de hacer frente a la crisis con más gasto social; forzado por Bruselas y los mercados omnipotentes a aplicar unas duras medidas de austeridad que como siempre (los ricos nunca se aprietan el cinturón, siempre visten tirantes) solo afectan a los más desfavorecidos.

Igual que el PSOE tiene un techo electoral elevado (de unos 11 millones de votantes) y un suelo más bajo (hasta 7); el PP se rasca la cabeza cuando salta y mancha el techo de pisadas si hace le pino, porque su electorado --fidelísimo y acrítico-- apenas oscila de los 10 millones haga frío o calor, presente a quien presente. El enemigo del PSOE es la abstención y, de hecho, en eso basó el PP sus campañas pasadas.

Ni ZParo fue suficiente; el descenso a los infiernos de Zapatero llegó con las propuestas de reforma laboral y extensión de la edad de jubilación; con el abandono de una parte del electorado de izquierdas que sí es castigador y no perdona los agravios. Pero ni con esas; el PP a la búsqueda del 2x1 ha regresado al caso Faisán; a la resurrección de zETAp; ETA siempre ETA. Pero es un error; el pie del que cojea este pato cojo sigue siendo el izquierdo y el otro hace tiempo que ha amortizado todas las patadas.

Hoy todo el mundo hace balance de aciertos y de errores, que ha habido muchos de los dos; pero lo curioso es como casi todo el país ha coincidido (también el mismo ZP cuando dijo de lo "cueste lo que me cueste") en hacerlo el máximo pagano de todos nuestros males. Lo es, desde luego, para la derecha que siempre lo ha considerado traidor, anticristo y culpable en exclusiva de la crisis, ya lo hemos dicho; pero también para una izquierda que parece mantener la ilusión de que el control político sobre la economía aún puede mantenerse desde el Estado-Nación, cuando hace un par de décadas que ha escapado a todas las leyes y parlamentos y sólo será posible embridarla desde organismos supranacionales. Ese infantilismo generalizado; esa boba superstición de hacer de Zapatero un último monigote, el chivo expiatorio que tras su sacrificio nos devolverá la buena suerte, esa es nuestra derrota.

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