martes, 24 de mayo de 2011

Casa



Horas antes de depositar su voto en el colegio electoral que le correspondía, el que será nuevo presidente de Asturias se despertó en un hotel; porque sólo muy recientemente se había censado en el Principado y aún no tiene domicilio fijo. Cascos, el ministro que, ante las primeras reacciones por la especulación inmobiliaria en España, sentenció que no había burbuja sino solo ley de la oferta y la demanda, consiguió que los asturianos le buscaran una nueva casa, la más principal, en Oviedo en la sede de la presidencia. Lo consiguió en buena lid porque los votos son la expresión más legítima del sentir ciudadano, y eso no tiene vuelta de hoja.

Pero vencer legítimamente en las urnas no quiere decir que valga todo; que en la noche de la victoria Pelayo Roces hablara de “secuestro de datos” por parte del gobierno en una jornada de resultados tan ajustados no es un buen augurio para el futuro y sí un síntoma de que el populismo va a marcar la próxima legislatura.

Para llegar a este resultado se partió de un supuesto pacto de la Zoreda entre el PSOE y el PP para repartirse Asturias que, en todo caso, en la medianoche del domingo se reveló como la interesada fábula que era para convertirse en el muy cierto pacto que unirá a Foro Asturias y al PP para gobernar, seguramente, el Principado, Oviedo y quizá Gijón, que ha entrado en el reparto.

Queda muy poco para olvidar las amargas querellas de sexagenarios y graves acusaciones entre quienes eran amigos anteayer, se enfadaron algo en enero, y mañana volverán a ser grandes compañeros.

Hay sociólogos que han asegurado, incluso antes de estos comicios, que Asturias ha dejado de ser de izquierdas. Quizá nunca lo fue. Los tópicos sobre los pueblos tienen una cara dura y otra amable, los catalanes son tacaños o ahorradores, los aragoneses cabezotas o tenaces, los andaluces vagos o alegres artistas.

La idiosincrasia asturiana, el prejuicio positivo con el que nos gusta vernos a nosotros mismos es el de la resistencia. Siempre ahí, reducto inconquistable de quien quiera llegar por las bravas a lo largo de los siglos, y la revolución y la guerra civil han pasado a formar parte de ese relato; son episodios que, despojados de ideología, alimentarán en el futuro esa leyenda. Porque lo cierto es que, salvo contadas y gloriosas excepciones, los asturianos han sido la mayor parte de la historia mansos servidores del cacique de turno.

En esta campaña, sin duda Cascos ha sido quien mejor ha sabido conectar su estrategia con esa idealización de la resistencia asturiana. Él ha sido un resistente ante su propio partido, jugó a la ambigüedad un tiempo y cuando se encontró con que le cerraban el paso, hizo de la necesidad virtud y creo un nuevo grupo que le permitió ofrecer la cara de renovador a la par que reivindicaba su trayectoria como ex ministro.

Casa es la palabra clave. Cascos ya tiene la suya en Asturias; su nuevo partido y el viejo resolverán sus diferencias para repartirse, ellos sí, el Principado y así todo queda en casa. En el partido socialista, ahora en la oposición, muchos tendrán que irse a su casa y lo mismo ocurre con IU, que se mantiene pero queda a la intemperie fuera del gobierno.

También el BA-UNA, que animó a votar a “lo de casa“, se va para la suya.


1 comentario:

Magapola dijo...

Ser el más votado no significa ser votado por la mayoría.
Dioses, si es que estas elecciones han sido traca