martes, 17 de mayo de 2011

Un premio Príncipe para Wikileaks


Hoy se reúne en Oviedo el jurado del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación. No sé cuáles serán los candidatos propuestos, pero se trata de una buena ocasión para que la Fundación diera un espaldarazo al grupo que, seguramente, más ha hecho por promover la libertad de información en este año y que no es otro que Wikileaks. Sin duda este ha sido el año de las filtraciones de los cables diplomáticos de EEUU pero la labor de Wikileaks viene de largo y a ellos se debe que pudiéramos ver el vídeo en el que un helicóptero Apache de EEUU decide disparar sobre un periodista desarmado en Irak. De los cables diplomáticos sobre España hemos podido saber de las presiones de la embajada norteamericana contra los avances en la investigación de otro crimen de guerra similar; el Caso Couso al que se trataron de poner todo tipo de trabas en los tribunales con la aquiescencia de los fiscales. Supimos que la Ley Sinde, que permitirá que una comisión creada ad hoc por la industria del entretenimiento tenga la potestad de cerrar páginas web, fue prácticamente dictada por los intereses de la industria del ocio norteamericana como un experimento de control de la información que ahora se quiere extender a toda Europa.

Muchas de las filtraciones de Wikileaks eran asuntos menores, o documentos que venían a confirmar lo que siempre habíamos sospechado porque resultaba evidente; pero también revelaron, por ejemplo, que los países del Golfo Pérsico se encuentran entre los que más azuzan a EEUU contra Irán; o que pese a toda su retórica, China está deseando desprenderse de una Corea del Norte a la que acompaña como un lastre.

En todo caso, las informaciones reveladas fueron lo suficientemente importantes para que la cabeza de visible de Wikileaks, Julian Assange, fuera perseguido por medio mundo, se le acusara de extraños crímenes sexuales que sólo contempla la legislación sueca y acabara en un juicio en el Reino Unido temeroso de que un día puedan extraditarlo a EEUU, donde varias voces han pedido para él la pena de muerte.

Y peor es el caso de quien se sospecha que realizara la filtración, el soldado Bradley Mannig, recluído durante meses desnudo en una celda que solo puede abandonar una hora al día, aislado y humillado por sus guardianes.

Quizá, en todo caso, lo más relevante del trabajo de Wikileaks sea el legado que deja a la hora de hacer ver a la ciudadanía que la información le pertenece, que no debe esperar a que ningún intermediario se la guise y se la dé con cuchara. Fue tras la decisión de empresas como Amazon, MasterCard o PayPal de cortar los servicios que ofrecía a Wikileaks cuando Anonymous --un grupo que había ganado su reputación a base de gamberradas crueles-- se convirtió un adalid de la libertad de información que luchó con todos los medios a su alcance para sacarles los colores a estas corporaciones; y fueron ellos los que primero ofrecieron ayuda a Túnez y Egipto cuando sus gobiernos trataron de atajar las protestas de la población cortando el acceso a la red. Como todo, Wikileaks tiene sus luces y sombras, pero ellos han sido los pioneros y han abierto las puertas a un nuevo modo de entender la comunicación y la libertad de información. Y lo han hecho en un momento oscuro de nuestra historia, cuando los censores no son ceñudos señores con sotana y tijera, sino rostros de amable sonrisa que hacen esto por nuestra seguridad.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Bueno, bueno, otro dia que te pongo un cinco. O me estoy volviendo un moderno o tu has salido de la secta progre inane (por cierto, el captcha que tengo que rellenar es semen, gracioso)