domingo, 26 de junio de 2011

Balance de Juego de Tronos




A fuerza de ver los extras de las películas de El Señor de los Anillos me he vuelto indulgente con las adaptaciones a la pantalla de libros notables. A pesar de las pegas que muchos fans le ponen a la trilogía de Peter Jackson (y yo le puse unas cuantas revolviéndome en la butaca del cine), terminé por aceptar la mayoría de sus explicaciones, hice las paces con el neozelandés; siempre podré volver a un libro que, negro sobre blanco en letra impresa, no va a cambiar y hay cosas que exige la cámara y que una página no puede conceder. Y viceversa, en fin.

Será por eso que miré con buenos ojos desde el principio la adaptación de la HBO de Juego de Tronos, la primera novela de la saga Canción de Hielo y Fuego de George R. R. Martin de la que ya contamos aquí los motivos por los que mola de verdad. Cerrada la primera temporada es hora de hacer balance y le voy a dar buena nota. Primero por su careta de introducción con una sugestiva banda sonora. A algunos les sonará trivial pero las grandes series no suelen descuidar sus títulos de crédito y en este caso me encandiló la secuencia que recorre el mapa de Poniente cambiando, según el capítulo, las localizaciones que recorrerán sus protagonistas. La intro oficial es esta:



Es estética pero además útil. La saga de Martin, una novela río, con decenas de personajes e intrincados árboles genealógicos tiene también una vasta geografía en la que puede perderse uno fácilmente. Y precisamente ese era uno de mis primeros temores cuando empecé la serie, si quien no hubiera leído los libros podría seguir cabalmente el argumento general. Parece que sí por lo que me han comentado. Aunque no sé si quien haya sido solo espectador se habrá dado cuenta de detalles importantes como que en este mundo las estaciones duran décadas y la llegada del invierno no es una broma de unos meses.

Claro que, aunque las adaptaciones cuajan cuando se hacen con respeto (y parece que este es el cado porque además han contado con la participación activa del autor en el rodaje) siempre se pierde algo de líquido cuando se pasa de un recipiente a otro. Aunque me gustó mucho la interpretación de Jason Momoa como Khal Drogo (físico imponente, y realmente amenazadora voz en la versión original; además de haber sido él quien sugirió que en la escena de lucha con uno de los dothraki que le desafía termine arrancándole la lengua de la garganta) no sé si habrá quedado reflejado como merece la evolución de su relación con Daenerys. De un comienzo en que se percibe su matrimonio forzado como una desdicha irremediable, la Targaryen pasará a sentir un sincero y profundo amor que además es mutuo. En el libro esta evolución tiene su cadencia lógica, en la serie --exigencias del medio-- todo pasa demasiado rápido.

Ocurre algo similar con el personaje de Tyrion Lannister, sin duda (parece evidente) el favorito del autor junto a Jon Nieve. Peter Dinklage se ha metido bien, en mi opinión, en la piel de un personaje poliédrico y genial que exige mucho (porque es una mezcla fabulosa de desgracia, inteligencia y cinismo) y por lo tanto es un premio para un actor que se precie. Al final de esta temporada, cuando por fin llega la primera batalla entre los Stark y los Lannister, el Tyrion de la serie pierde el conocimiento de un golpe antes de que comience el combate. Supongo que hay motivos económicos que expliquen que no se haya rodado una espectacular contienda con masas armadas, crujir de escudos y gritos de jinetes y caballos, pero lo cierto es que en el libro Tyrion pierde el conocimiento durante la batalla y no me parece baladí. Tyrion, aunque sea enano, aunque ciertamente no sea arrojado y valiente, no es desde luego ningún cobarde, y en los momentos de necesidad sabe sacar el valor que a los hombres más altos les falta. Será en otra batalla, en Desembarco del Rey, donde las tropas le aclamen al grito de ¡Medio Hombre!, aunque ya haya salido esto en la primera temporada en boca de los bárbaros y sin que el gnomo haya cruzado espadas con nadie.



Esta foto se me ocurrió mientras veía el segundo o el tercer capítulo de la serie. No soy muy original porque ya he visto otras semejantes circulando por internet. Hablemos de los actores, Jaime Lannister es un bello hijo de la gran puta cuya mayor virtud es que nos obligará a cambiar, con el tiempo, el odio que sentimos por él ahora por la consideración, la compasión y hasta el afecto en el futuro. A pesar de ese look de Príncipe Encantador me parece que Nicolaj Coster-Waldau cumple en general, aunque yo lo hubiera preferido aún más hijo de puta en esta temporada. De Sean Bean (que hace de Eddard Stark) y Mark Addy (que interpreta al rey Robert) no voy a decir mucho, a mí me gustaron. En mi opinión Sean Bean tiene muchas virtudes como actor que no se suelen apreciar precisamente porque hace que parezca demasiado fácil. Fue un gran Bóromir en ESDLA y además es un héroe que resiste puñaladas en los pubs de la vida real, apetece compartir unas birras con él; y Addy hizo un rey tal y como yo lo había imaginado, muy correcto gordo, borracho, y desilusionado de todo.

Las féminas son destacables, Catelyn como madre amantísima que esconde una dama de hierro (y me gustó como en el primer capítulo se narra su impotencia y desprecio hacia Jon Nieve con apenas unas miradas y un par de frases); Cersei cuela como una pécora de cuidado que nos pone cara de inocente y hermosa doncella; Sansa (a la que odiaba en el libro, no me despertó ese sentimiento en la serie y bien que lo siento) y Ayra, es muy pronto para decir nada de ella, no hay palabras para destacar la evolución de este personaje así que ya se verá (sí un inciso para aplaudir a su maestro de esgrima llegado de Braavos). Daenerys y Viserys son dos personajes peculiares, a muchos les han espantado sus pelucones pelopaja, otros han destacado que se trata de dar un barniz especial a los Targaryen (al fin y al cabo, los auténticos domadores de dragones); no sé con qué postura quedarme. Sí lamento que, de nuevo por la premura de la televisión, pocos vayan a conceder a Viserys la profundidad que merece. Es un tipo arrogante, despreciable, banal y pérfido que termina, seguramente, de la forma que merece; pero también tiene una historia muy triste detrás, un rencor ganado a sangre en la infancia que explica mucho su carácter, y eso no se ha podido contar en la serie. Termino con Jon Nieve por no alargarme más con los actores; le daré un voto de confianza a Kit Harrington que, en general, creo que está bien, aunque no me gusta cierta expresión lánguida que mantiene demasiado tiempo y parece una mezcla de estupefacción y empanada mental; Nieve tiene que tener un pelín más de rabia y orgullo, creo yo. Ya se verá.


Empecé con los mapas y terminaré por ahí, la serie ha cuidado los paisajes y las maquetas, destacando las vistas de Desembarco del Rey, el castillo de Invernalia y, sobre todo, el muro de Hielo en el norte que se ha tratado de mostrar en su mastodóntica magnitud. El mundo de Juego de Tronos es también uno de casas feudales y torneos de caballeros, aquí hay armaduras impolutas y brillantes estandartes, aunque en el libro se muestra el contraste con la cruda y sucia vida de los campesinos y quienes padecen la guerra, de momento no hay tal reflejo en la serie. Es también una obra que, pese a contar en el género de literatura fantástica, guarda los elementos fantásticos para episodios contados y marginales. Ya lo he dicho en otras ocasiones, la virtud de Canción de Hielo y Fuego es que habla de la incertidumbre y del regreso de un temor que todos pensaban que había quedado enterrado en el pasado para siempre (es, por cierto, el elemento que ha convertido en un clásico a El Señor de los Anillos, no solo porque de pronto unos aburguesados hobbits se encuentran con que tienen en sus manos el objeto más preciado por el señor oscuro sino porque las culturas de la Tierra Media tienen que revivir sus propias leyendas; los elfos están de retirada, pero Gondor y sobre todo Rohan se topan con que les toca revivir sus mitos fundacionales); en este caso el retorno de los dragones y de los misteriosos Otros en el frío norte.

Es una buena noticia que, ya desde la emisión del segundo capítulo, la HBO anunciara que habrá una segunda temporada que comenzará a rodarse en julio. Es necesario, la serie guarda el nombre de Juego de Tronos, título solo del primer libro de la saga (por otra parte Canción de Hielo y Fuego es un título que me parece flojo y contrasta con los sugerentes enunciados de cada tomo, desde Choque de reyes a Festín de cuervos), que es una presentación general de la trama y sus protagonistas, con un hilo general que narra la caída en desgracia de un Eddard Stark que ha guiado toda su vida por el honor y que tiene que traicionar esas creencias en el último instante de su vida y además lo hace en vano, por eso es trágico. Pero no es más que el prólogo de una historia mucho más grande; esperemos que quepa en la pantalla. De momento ha encajado bien.

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