viernes, 17 de junio de 2011

Futuro desindicalizado

Soy consciente de que los sindicatos, o al menos los sindicatos mayoritarios UGT y CCOO, sufren un gran desprestigio en la actualidad. Hay razones sobradas para ese desprestigio, no lo niego, aunque en realidad casi todas las instituciones de la España contemporánea nacida tras la Transición --desde los sindicatos, a las CCAA, los grandes partidos (PSOE y PP), también cada vez más, la monarquía-- sufren un desprestigio creciente, azuzado por la crisis económica y por la rabia (en el mejor sentido de la palabra) del conjunto de grupos que participan en el 15M y que no encuentra una respuesta correcta por parte de todas estas instituciones tradicionales. Hay también críticas injustas, y en estos días, se ha puesto más de relieve cuando se ha tratado de criminalizar al 15M asociándolo casi sin sutileza al terrorismo; pero es parecido a meter en el mismo saco a todos los políticos, o a todos los sindicalistas. Rey solo hay uno.

En todo caso, y sin meterme en los casos concretos de ningún sindicato específico, sí aprecio que, al igual que la crisis económica global ha barrido el poder político tradicional de los Estados Nación en favor de las corporaciones transnacionales; llega un nuevo movimiento contra la misma idea de los sindicatos. Veamos este vídeo:




Me lo he encontrado en Sociological Images (hay una transcripción del vídeo en la entrada, en inglés). Se trata de un vídeo de la empresa Target, ligada a WallMart, allí nos explican por qué no quieren que sus trabajadores se afilien a ningún sindicato. Se consideran cosas buenas del pasado, pero inútiles en la actualidad cuando, se supone, que no existen barbaridades como el trabajo infantil, el acoso laboral y otras formas de explotación (cuando paréis de reíros podéis seguir leyendo). Dice el vídeo que un sindicato es un negocio que no puede traficar más que con sus propios afiliados, y frente al color de un alegre empleado que resuelve dudas del cliente aunque no esté en su sección, nos muestra en blanco y negro un malvado sindicalista que pasa de atender como es debido y no hace más que causar problemas a la empresa. Target dice que es una gran familia y trata a sus empleados como a los parientes, tu no te agruparías con tus hermanos para hacer una sentada en casa hasta que tu padre os suba la paga ¿verdad?

WallMart, que tiene una larga tradición en aniquilar al comercio local y en censurar productos culturales que no reciban el placet de su pacata visión moral, es un caso extremo. Pero aquí se apuntan maneras desde hace tiempo. Quizá un caso clásico es el de nuestra principal empresa comercial, El Corte Inglés, que desde su nacimiento siente aversión por los sindicatos y ha creado dos ad hoc para la compañía: Fasga y Fetico. Resulta imprescindible leer el libro de Javier Cuartas sobre los orígenes de El Corte Inglés y Galerías Preciados para entender bien esta historia; libro por cierto que ha sufrido todo tipo de obstáculos para llegar al público.

Al hilo de las últimas reformas laborales, en el blog de Fedea, Nada es Gratis (que ya tratamos aquí) se ha insistido en varias ocasiones sobre la obsolescencia de los sindicatos, este artículo es solo un ejemplo.

Quiero decir que está claro que los sindicatos tradicionales tienen que hacerlo mucho mejor, que han abandonado a unas generaciones empleadas en precario en el sector servicios hasta quedar casi reducida su fortaleza al sector industrial y al funcionariado. Lo han hecho muy mal, y tienen muchas cosas que corregir. Pero hay algo más en juego, la idea de que resulta peligroso que los trabajadores se asocien, que es algo anti económico. Y quizá sí sea peligroso, pero para los depredadores; y ¿anti económico? ¿se refieren a promover un sistema en el que una pequeña casta de consejeros vive de las rentas de la especulación, de los bonus, mientras se destruye la economía productiva y crece el desempleo? Quizá va siendo hora de que reclamemos la palabra economía, que está siendo secuestrada por los vampiros.

1 comentario:

Patache dijo...

Resulta difícil hacer una labor sindical cuando las acciones y decisiones de la empresa son hechos consumados sobre el altar del no hay otro camino. Te puedes encontrar con toda una cadena humana amarrada a la actitud de "no es cosa mía, me veo obligado, no se puede hacer otra cosa" Esa cadena llega desde la empresa a Berlín pasando por Madrid y Bruselas.
¿Cómo paliar o solucionar esto sindicalmente? pues dejando las gafas de ver de cerca los afiliados de la empresa, la empresa, los afiliados del sector e incluso el sector y ver el conjunto para poder hacer algo en conjunto. Pero en serio. Nada de testimonialismos.