jueves, 9 de junio de 2011

Magno y Pirro


Supongo que, cuando Cascos ofrece acuerdos y pactos “como los de la Moncloa” a todas las fuerzas políticas del nuevo Parlamento después del 22M, le gusta verse como un ganador magnánimo. Claro que no debe de tener muy claro el concepto porque para ser magno hay que ser un vencedor claro, sin matices y que, pese a todo, demuestra suficiente generosidad como para repartir algo de las mieles de la victoria. Pero no es el caso, ni mucho menos.

La cruda realidad es que nos encontramos con un empate que obliga a buscar los acuerdos, y los pactos no nacen de la brillante generosidad sino de la mucho más humilde necesidad.

En la macedonia de grupos que se reparten la nueva Junta no hay ningún Alejandro Magno en que mirarse sino más bien un Pirro, que además fue rey de Epiro. PP y FAC lo tienen casi todo en común menos los nombres, al fin y al cabo iban juntos de la mano hasta el anteayer de diciembre, sus programas coinciden pero les separa el afán de vendetta y las querellas personales.

Pese a toda la grandilocuencia de los discursos sobre el orgullo de ser asturiano, el origen y el final de esta aventura se resume en una circunstancia tan mundana como a qué familia de potentados le va a tocar un párking en el centro de Oviedo. Por si no hay acuerdo, ya están resucitando el cuento del pacto de la Zoreda y viejas conspiraciones; pero Asturias se merece algo mejor que un liderazgo flojo que excuse sus incapacidades recurriendo a complots judeomasónicos.

Francamente, está muy visto.

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