sábado, 30 de julio de 2011

Burka de bandera


¿Es un síntoma de algo la matanza colectiva de Noruega? Es verdad que muchas de las ideas que defendía el asesino Breivik se jalean cada día en los canales más conservadores de la TDT española, y que semejantes a sus víctimas en Utoya se señalan aquí también como culpables de todos los males reales o imaginarios. Pero no, qué va, no hay analogía posible aunque los que siembran el odio deberían ser más conscientes de su responsabilidad en la cosecha.

O quizá si tendríamos que pararnos a escuchar el agua que lleva este río que suena, porque el auge de partidos xenófobos y populistas es un hecho en toda la geografía europea; desde el Báltico al Mediterráneo. La crisis económica azuza el miedo y la incertidumbre y siempre hay alguien dispuesto a jugar con ese fuego. Es lo que sirve también para anular la libre circulación de Schegen, para expulsar a rumanos acampados en Francia, para hacer videojuegos en los que se dispara a inmigrantes en Cataluña o, también, para que Merkel apuntale los problemas de deuda de su banca culpando a los países periféricos de tener muchas vacaciones; de ser gandules y manirrotos. Hay muchos grados en las respuestas del populismo racista, pero es que son las únicas que escuchamos. Nadie se atreve a reivindicar la idea de una Unión soberana que haga su nueva patria de los derechos ciudadanos ante la voracidad de los mercados. Y ningún estado solo puede defenderse realmente; los cazarán uno a uno mientras se pongan la bandera por burka mientras alrededor circula la barbarie.

No para cualquiera (30-07-11)

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