sábado, 2 de julio de 2011

Un concejal cuántico


Me declaro un devoto partidario de la nueva figura con la que contará el Ayuntamiento de Gijón, un concejal no electo “sin competencias concretas”, según se nos ha dicho. Habrá quien sugiera que esta modalidad de edil, que recoge la ley, es una nueva forma de colocar a un compañero de formación en el gobierno municipal, pero yo discrepo. ¿Qué puede haber más contemporáneo, más íntimamente ligado al sino de nuestro tiempo, que un concejal alejado de lo concreto y ocupado, sin embargo, en lo abstracto, en lo intangible? Porque precisamente una de las características de las épocas de crisis es la incertidumbre, la indefinición, la volatilidad de lo que hasta ayer parecía firme y seguro pero que, al poco, se disuelve y se desintegra.

Ya hemos conocido concejales dedicados a asuntos objetivos, enfocados en especialidades sólidas, demasiado materialismo, llegó la hora de que alguien le preste atención a lo variable, al devenir. ¡Ah!, si en vez de carne y hueso, nuestro edil fuera también sólo espíritu y volición, ¡cuánto más nos gustaría! ¿Acaso Gijón no es mucho más que sus calles, sus árboles, sus playas o incluso que sus propios vecinos? Hacía falta ya una mente centrada en otros conceptos ideales, la bonhomía de sus gentes, la nostalgia que nos sacude en otoño; unos días una cosa, otros otra distinta, nos conmueve saber que habrá alguien versátil que estará aquí y allí al mismo tiempo, como las partículas de los electrones. Será un concejal cuántico. ¡Basta de hechos, queremos promesas!

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